Lima, 17 de marzo de 2002

   
 

CARDENAL JUAN LUIS CIPRIANI: MONSEÑOR ISAÍAS DUARTE FUE UN PASTOR VALIENTE Y FIEL AL SERVICIO DE LA IGLESIA

Arzobispo de Lima envío misiva al Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, expresándole su "dolor y cercanía" por esta irreparable pérdida para la Iglesia Católica.

El Cardenal Juan Luis Cipriani, Arzobispo de Lima y Primado del Perú, lamentó profundamente el asesinato del Arzobispo de Cali, Monseñor Isaías Duarte Cancino, y manifestó su dolor y cercanía a los familiares del Arzobispo, a la Iglesia colombiana y al pueblo de ese hermano país. "Fue un pastor valiente y fiel al servicio de la Iglesia, por lo que rechazo este acto de violencia contra un Arzobispo que sólo quiso ayudar a encontrar caminos de paz en su país. Creo que el valor de la vida debe ser siempre rescatado, y Dios quiera que esto sea el comienzo del fin para la violencia en Colombia ", dijo.

El Cardenal Cipriani envió una carta al Presidente de la Conferencia Episcopal colombiana y Arzobispo de Medellín, monseñor Alberto Giraldo, manifestándole "que consternado por la noticia del asesinato de Monseñor Duarte, me uno al dolor del Episcopado colombiano con mi oración, por quien fue un pastor ejemplar y valiente en la lucha por la paz al servicio de la Iglesia en Colombia".

Asimismo, el Primado de la Iglesia peruana recordó que Monseñor Isaías Duarte Cancino visitó el Perú el año pasado, para concelebrar junto a él una misa por la memoria del desaparecido Vicario General del Sodalitium, Germán Doig, la misma que se efectuó el 13 de marzo del 2001.

El Cardenal resaltó durante su tradicional homilía celebrada en la Catedral de Lima, el valor de la paz, el que debe ser defendido con claridad y firmeza, según dijo. "La paz se construye, y la construyen hombres y mujeres de buena voluntad. No es exclusivamente una dimensión política o social, es el centro del objetivo de cualquier Estado, el lograr que los ciudadanos puedan vivir en paz. Es un derecho y un deber", afirmó. Agregó que "la mayor pobreza es la mentira y el maltrato a la persona, por lo que no podemos decir que la vida solamente vale cuando se tiene dinero, ya que seríamos materialistas".

Por ello, el Arzobispo de Lima manifestó que "no podemos dejar de ninguna manera que la economía imponga su modelo, y que el ritmo del desarrollo pueda ahogar los valores de la paz, el amor, la educación, y la amistad", y señaló la necesidad que la Semana Santa pueda hacernos reflexionar acerca de la verdadera pobreza, ya que "una justa protesta social no es razonable si la muerte y la violencia son el modo".

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