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Lima, 5 de junio del 2003 |
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| PAPA JUAN PABLO II BEATIFICARÁ A RELIGIOSA QUE SALVÓ 22 MARINOS PERUANOS EN 1988 Monja croata María de Jesús Crucificado Petkovic fundó la Congregación de las Hijas de la Misericordia, cuya labor también se aprecia en nuestro país. Su Santidad, Papa Juan Pablo II beatificará mañana en Dubrovnik (Croacia) a la monja croata María de Jesús Crucificado Petkovic, fundadora de la Congregación Hijas de la Misericordia. Entre los milagros atribuidos a la intercesión de la religiosa, está la salvación de 22 tripulantes del submarino peruano Pacocha, hundido en 1988 por un barco japonés en el Callao. La noche del 26 de agosto de 1988, el submarino Pacocha de la Marina Peruana fue chocado por un pesquero japonés que abrió una brecha en la popa y hundió la nave. Solo 25 tripulantes lograron lanzarse al mar antes del hundimiento, mientras que 22 marinos quedaron atrapados a bordo. En medio de la tragedia y tras la muerte del capitán, el teniente de navío Roger Cotrina tomó el mando y se encomendó a la religiosa María Petkovic, cuya vida había conocido por una estampa que le habían regalado unos días antes unas monjitas en el Hospital Naval de Lima. Hecho esto, se dirigió a la escotilla superior, y cuando estaba a una profundidad de 20 metros, logró levantar la compuerta de salida y cerrarla, a pesar de dos factores: el agua ingresaba a una presión de 5 mil y 6 mil kilos y los cerrojos estaban en posición irregular. Con la fuerza de sus brazos este marino peruano pudo salvar a la tripulación al impedir que se inundaran los compartimentos inferiores, donde estaban atrapados. Una comisión militar juzgó posteriormente este hecho como humanamente imposible. A las 10 de la mañana del día siguiente al accidente, los mismos marinos decidieron salir por su propia cuenta por la escotilla lateral. Tuvieron que soportar la presión sobre sus cabezas. Salieron a la superficie cada 20 segundos, como promedio, y la descompresión brusca inevitablemente tuvo luego consecuencias. Sin embargo, Roger es el único de los tripulantes que salvaron la vida que no ha quedado con secuelas del accidente. La mayoría de los sobrevivientes fue pasada al retiro por las secuelas físicas que el efecto de la presión de cuatro atmósferas y la descompresión brusca dejó en sus cerebros. La Curia Militar Peruana, en un proceso diocesano, consideró un milagro lo sucedido; por ello, el caso ingresó a la Congregación de las Causas de los Santos, que lo estudió durante más de una década. El Papa Juan Pablo II envió al padre Paolo al Perú para las investigaciones. El 13 de mayo del 2002, en Roma, el hecho fue declarado "por unanimidad, el acontecimiento inexplicable en los modos según razón y ciencia", porque en las circunstancias en que se encontraba el submarino nadie hubiera podido levantar solo la puerta y girar los cerrojos de modo que volvieran los pestillos a su posición y cerrar el conducto. El 15 de noviembre del mismo año, en el Congreso Especial de Consultores de Teólogos de los Padres Cardenales y Obispos, se dio calificación afirmativa al milagro. Y el 20 de diciembre la Congregación de las Causas de los Santos y el Papa Juan Pablo II dieron el decreto esperado. Reiteradamente, Roger Cotrina ha dicho que, cuando ocurrió el accidente y vio que el agua ingresaba al submarino de manera incontenible, se acordó de algunas partes de su vida e invocó a la madre María de Jesús Crucificado Petkovic. "Recordando sus palabras y teniendo su imagen en mi mente, repetí que me llevase al lado de Dios, tal y como ella lo había manifestado en su autobiografía", dijo. BIOGRAFÍA DE MARÍA DE JESÚS CRUCIFICADO PETKOVIC La nueva beata nació en Blato, Croacia, en la diócesis de Dubrovnik, el 10 de diciembre de 1892, siendo la sexta de trece hermanos. De sus padres recibió una sana formación espiritual y desde la niñez se demostró tenaz de ánimo, firme de carácter, con inclinación a las prácticas religiosas, a la obediencia y a la caridad. En el año 1899 recibió el sacramento de la confirmación y en 1905 la primera comunión, ambos acontecimientos de gran importancia que serían los fundamentos de su vida espiritual. A los 14 años, en forma secreta hizo el voto de castidad perpetua y se empeñó en la misión de la Iglesia. Cuando en 1919 la congregación de las Siervas de la Caridad tuvieron que dejar su pueblo natal, María asumió con algunas compañeras, a pedido del obispo de Dubrovnik, la responsabilidad de continuar con las obras dejadas por las religiosas. Finalmente, el 4 de octubre de 1920 vistió el hábito y fundó la Congregación de las Hijas de la Misericordia de la Tercera orden Regular en San Francisco, para difundir con las obras de misericordia el amor de Dios. Tomó el nombre de María de Jesús Crucificado. El 14 de octubre fue nombrada Superiora General y trabajó por más de cuarenta años con prudencia y solicitud por el bien de su Instituto, cuidando la formación de las Hermanas y dando vida a varias iniciativas a favor de las niños pobres y los enfermos. En el año 1936 se inició la presencia de la Congregación en Argentina, donde vivió desde 1940 a 1952, promoviendo y fundando en otras naciones de América Latina obras educativas y de beneficencia. Luego regresó a Roma, donde vivió en la nueva Casa Generalicia. En el año 1954 fue afectada por una hemorragia cerebral con hemiplejia permanente y en el año 1960, a causa de su grave estado de salud, renunció a su cargo de Superiora General. Finalmente, entregó su vida al Señor el 9 de julio de 1966. La fama de santidad de la cual se rodeó en vida, fue confirmada después de su muerte, así que el Vicariato de Roma empezó la causa de Beatificación y Canonización, instruyendo Proceso diocesano, cuya autoridad jurídica fue reconocida por la Congregación para las Causas de los Santos con decreto del 8 de mayo de 1998. El 5 de julio de 2002 el Vaticano publicó el Decreto sobre las virtudes heroicas de la Venerable Sierva de Dios María de Jesús Crucificado. Con este acto se dio por terminada la parte principal del proceso de su Beatificación. Luego, la Congregación para las Causas de los Santos del Vaticano aprobó el 20 de diciembre de 2002 el milagro ocurrido en 1988 en el submarino “Pacocha”, en el Perú. Secretaría
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