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Lima, 5 de octubre del 2003 |
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| MILES DE FIELES ORARON CON ROSARIO GIGANTE EN PLAZA MAYOR DE LIMA Cardenal invocó al pueblo peruano -durante Misa por la Nación- a renovar la fe en el Señor de los Milagros, “de la mano del Papa Juan Pablo II”.
Desde las 8:00 de la mañana se inició el armado del Rosario Gigante en la Plaza Mayor, con la ayuda de 120 jóvenes de la Iglesia “Nuestro Señor de la Divina Misericordia”, de Surco, dirigidos por el padre José Haus. Culminada esta actividad, las imágenes del Señor de los Milagros y de Nuestra Señora de la Evangelización fueron llevadas al atrio de la Catedral de Lima para un breve saludo, luego de lo cual se inició el rezo del Santo Rosario. En la lectura de los misterios del Santo Rosario participaron las hermandades, los jóvenes, miembros de una familia entera, sacerdotes y religiosas. Luego de 45 minutos de oración, los 59 globos que representaron las cuentas del Rosario Gigante fueron enviados al cielo, mientras se escuchaban vivas por la Virgen María y el Papa Juan Pablo II. MISA POR LA NACIÓN Durante la homilía de la Misa por la Nación, el Cardenal Juan Luis Cipriani consideró que la devoción al Cristo Morado es “un regalo de Dios para el pueblo peruano, ya que se ha convertido en una carta de presentación para nuestro país; el Perú se conoce por el Señor de los Milagros, el Perú se visita no solamente en Lima, sino en todas sus ciudades, por el Cristo Morado. Y esa respuesta de fe es porque hace milagros”, señaló. Asimismo, el Arzobispo recordó el llamado del Papa Juan Pablo II a recuperar el domingo como tiempo de oración. “El Santo Padre nos invita a que recuperemos la asistencia a la misa del domingo, para que ese sea el día de la familia”, afirmó. Agregó que el rezo del Rosario Gigante realizado por miles de fieles limeños fue “una oración por la persona y por la salud del Papa, en agradecimiento por su entrega tan generosa a la Iglesia”, según dijo. “El Santo Padre es esa mano firme del soldado de Cristo, es ese rostro amable del Padre, es la segura palabra del confidente de Dios, es el gesto acogedor del padre que recibe al hijo pródigo; es la fortaleza del mártir, es la perseverancia del buen Pastor. E incluso me atrevería a decir: es el Cristo que desde la cruz nos entrega el último hálito de su fuerza, de su amor y de su entrega”, consideró el Primado de la Iglesia peruana GRAN MISIÓN DE LIMA De otro lado, el Arzobispo de Lima destacó el próximo inicio de la Gran Misión de Lima, una iniciativa que buscará profundizar en la fe y renovar la evangelización de la capital peruana. “Se abre para la Iglesia una nueva etapa de su camino, ya que es necesario pensar en el futuro que nos espera y caminar con esperanza, teniendo el mismo entusiasmo de los cristianos de los primeros templos. Esa Gran Misión de evangelizar, y de construir en cada corazón esa escala de los valores cristianos”, manifestó. “Que la fe le de una mayor cohesión social a nuestra cultura, como garantía que un futuro mejor. Y que la niñez y la juventud no sean víctimas inocentes de estrategias inconfesables y de estrategias permisivas que atentan contra la formación moral, primera responsabilidad de los padres de familia”, invocó el Cardenal.
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