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Lima, 10 de agosto del 2004 |
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| Lo dejaron todo y se fueron con Él... Luis Antonio Guibo Arakaki (46) “Como sacerdote puedes hacer mucho más” Atraído por la docencia Luis Antonio dejó inconclusos sus estudios de Ingeniería Electrónica en la UNI y se dedicó a preparar a los postulantes. Por razones del destino recibió una oferta laboral para enseñar matemáticas en un colegio religioso de varones y, luego, en unos de mujeres, donde su vida dio un giro de 180 grados. “Me preocupan los vacíos que encontraba en las estudiantes, entonces un día le hice saber mi inquietud a una de las religiosas a cargo del colegio, quien me dejó pensando cuando me respondió que como profesor podía hacer mucho, pero como sacerdote mucho más”. Además de grabar en su mente esas palabras, Luis Antonio comenzó a sentir una urgencia por mejorar su vida espiritual para ser un católico comprometido. Se hizo amigo de un sacerdote del colegio con quien trató temas de espiritualidad. Como fruto de esa viva que empezaba a cambiar, a los 37 años se confirmó, no sin antes prepararse para ser partícipe de este sacramento. El llamado a la vocación sacerdotal fue haciéndose más constante, a tal punto que llegó a renunciar al trabajo para irse al seminario. “Cuando salí le dije a la directora no pensé que iban a exagerar tanto, pues empecé a trabajar a colegio ella me dijo: ojalá profesor que su estadía entre nosotras le ayude a encontrar el camino para poder practicar la fe”. Ahora, Luis Antonio afirma que después de su ordenación como sacerdote, seguirá con su mismo carisma de docente para que muchas más personas practiquen la fe en su vida diaria, especialmente las que se encuentran alejados de nuestro creador. “Que todos los fines que me he trazado los haga según la voluntad de Dios”. Jorge Andrés López Martínez – Vargas (28) “Ser cura no te corta, te hace pleno” No hay lamentos. Después de estudiar cinco años en la facultad de Medicina Humana de la Universidad Nacional de San Marcos, Jorge lo dejó todo por un amor que desconcertó a familiares y amigos. Hoy nadie duda que este muchacho tomó el mejor camino, al consagrar su vida a Dios. “Siempre me acuerdo que cuando estaba en el colegio me reía de dos amigos que querían ser sacerdotes y mira ahora donde estoy yo”, cuenta sin dejar de reírse, aunque confiesa que está muy nervioso, pero también feliz por lo que viene. “Uno puede ver la consagración sacerdotal como el final del camino, pero en realidad marca el inicio, ese es el motivo de los nervios”. En los últimos días no ha dejado de mirar su reloj, pues claro, no tolera que nada quede fuera de lugar en los días que restan para el domingo. El fin de semana ensayó con sus compañeros en la Catedral de Lima la ceremonia de consagración, entregó a sus familiares y amigos –entre ellos sus compañeros de San Marcos, convertidos en médicos- y sobretodo paso gran tiempo haciendo las coordinaciones para asumir su labor como sacerdote en el Santuario de la Divina Misericordia, en Surco. “Si he dicho que lo voy a dar todo, así lo haré”, afirma, no sin antes dejar en claro que trabajará “descaradamente” con los jóvenes porque está plenamente seguro que “ser cura no te corta, te hace pleno”. Javier Eduardo Moscol Villar (31) “Él me quiere a su lado” “No puedo seguir más con esta duda, me lo voy a tomar en serio”. Varias veces, Javier había sentido el llamado de Cristo y, aunque era un cristiano comprometido que compartía sus estudios de Ingeniería de Sistemas en la Universidad Federico Villarreal, con su labor de catequista de confirmación, aun no atrevía a dar el gran paso. “Un día decidí entrar al seminario pensando: Señor te voy a dar un año de mi vida, me voy dar el riesgo de postular, porque tengo que seguir profundizando en esto”. Fue precisamente en el seminario de Santo Toribio de Mogrovejo donde fue conociendo aún más a Cristo. “Para mí es una muestra de amor muy grande de Dios, saber que me quiere a su lado y yo debo ser generoso con Él”, señala Javier tras comentarnos que a Cristo lo fue conociendo poco a poco en “en el constante trato con él, en la oración, en los sacramentos, en las amistades”. “Voy a ser sacerdote para estar a su lado, para compartir lo que Él sentía, para hacer lo que Él hacía, para pensar como Él pensaba, para estar siempre con Él, para que cuando la gente me vea, lo vea a Él...”, afirma Javier a pocos días de su ordenación. En su casa y en la parroquia todos sienten la alegría del nuevo sacerdote. “Mi familia está feliz, mi madre no deja de preparando cosas, algo similar pasa en mi parroquia, donde también están muy entusiasmados. Cada vez que voy me dan muchas muestras de cariño, pero ojalá que no se queden en verme a mí, porque la mayor tristeza de un sacerdote es que lo quieran a uno pero no a Cristo”. Isaías Segundo Peña Vinces (27) “El Señor me estaba llamando y yo me estaba escapando” Desde niño sintió una inquietud por estar al lado de Dios. En su natal Santo Domingo de Morropón (Piura), Isaías empezó a sentir que él también había sido escogido para ser sacerdote. “Tenía esa inquietud desde cuando era niño. Hubo un tiempo que me iba alejando, pero luego me acercaba con mayor fuerza”. Cuando terminó el colegio, una familia española le ofreció la oportunidad de estudiar en el extranjero. Llegó a Lima para gestionar los documentos necesarios para su salida del país, en tanto también empezó a participar en una parroquia. “Allí fui conociendo más al Señor y sentía que Dios me estaba llamando y yo me estaba escapando”. A los 17 años, Isaías abandonó el proyecto personal de estudiar ingeniería electrónica. “Ganó Dios porque su propuesta fue mucho más interesante” señala convencido de que escogió el mejor camino. “Cuando uno empieza a valorar más las cosas, pesa más Dios, en cambio cuando uno vive en un mundo superficial, si pesan otras cosas”, explica. “Este domingo, voy a confirmar y consolidar el llamado que me ha hecho. Voy a decirle sí a Dios para siempre. Le pido de manera especial la perseverancia y la fidelidad, porque este es el inicio de un largo camino, donde implica mucho la responsabilidad”. Carlos Alberto Rosell de Almeida (34) “Yo no pensaba ser cura” Carlos está convencido de que la vocación además de ser un don es un misterio. Él era un ingeniero civil que descubrió en su trabajo y la vida diaria su vocación por el sacerdocio. Sin pensarlo dos veces, dejó su trabajo y se fue al seminario. “Dios me quería que lo siguiera mediante el sacerdocio”. “Ni en el colegio ni en los primeros años de la universidad estaba muy metido en cosas de la Iglesia. Iba a veces los domingos a misa –con algo de mala gana-, pero de repente empecé a sentir más una atracción por las cosas de la Iglesia, iba a misa y me confesaba con más frecuencia. Fue en ese ambiente de acercamiento me vino esta interrogante: ¿Por qué no piensas ser sacerdote?”. “Empecé trabajar en construcción en Ayacucho y en el Cuzco. Luego un sacerdote me recomendó profundizar en la pregunta y finalmente decidí ingresar al seminario”, señala Carlos. “Quiero ser un sacerdote identificado con Cristo. Estoy totalmente convencido de que cuando te llama al sacerdocio te exige que seas como Él y si el sacerdote no va ser santo mejor que no lo sea. Nosotros estamos totalmente dispuestos a ello, lógicamente con nuestros defectos y limitaciones que las vamos a tener hasta la muerte”. En su casa reina la alegría. “Les mueve el corazón porque es una gracia tener un sacerdote en la familia”. Carlos señala que a su familiares y amigos les pide siempre “rezar para que hayan muchas vocaciones, porque en el Perú hay escasez de sacerdotes. Si todos rezáramos desde la familia, saldrá una vocación”. Miguel Ángel Vassallo Pulido (28) “Me di cuenta que me quería todo para Él”Sus estudios de informática en un instituto tecnológico los dejó “porque terminé de darme cuenta del proceso de llamado a la vocación sacerdotal. Me di cuenta que me quería todo para Él”. En los años de colegio Claretiano, fue catequista de un grupo de niños, luego empezó a discernir para ser sacerdote. Miguel Ángel señala que el domingo 15 de agosto empezará por fin ese camino de felicidad y de realización que tanto a esperado. “Tengo mucha emoción y confianza en Dios, porque como toda persona uno puede cometer errores”. “Espero crecer mucho formando parte de los sacerdotes”, señala al contarlos que después de su ordenación retornará al seminario donde será formador de los jóvenes con vocación sacerdotal. Pero sin duda, Miguel no puede ocultar la profunda emoción de consagrarse en agosto. “Desde muy pequeño mi familia me enseñó a tener una inmenso cariño a Santa Rosa de Lima y para mí significa mucho ser ordenado en el mes dedicado a ella”. Mientras se prepara para su ordenación, comenta que su familia está feliz, porque “no pensaban que yo podía ser sacerdote”. En tanto, Miguel Ángel se prepara para trabajar mucho a fin de promover que más jóvenes ingresen al seminario. “La gente nos podría ayudar más rezando para que hayan más vocaciones sacerdotales”. Víctor Hernán Vega Avilés (52) “Aprendí de mis padres a tener un especial amor por el Señor” Es el mayor de todos. Desde muy niño, Víctor Hernán decidió ser un católico comprometido, es por eso que a los ocho años entró al grupo de acólitos de su parroquia San Pío X, en la Unidad Vecinal de Mirones. “Desde esa edad ya sentía mi vocación, además aprendí de mis padres a tener un amor especial por el Señor”. “En tercero o cuarto año usted me preguntaba qué quería ser y yo le decía sacerdote. Pero tuve necesidad de trabajar para ayudar a mi familia”. Durante 23 años trabajó en cobranzas de la empresa eléctrica, sin que eso significara alejarse de Dios. “Cuando veía al sacerdote en la consagración sentía algo especial en mi corazón y decía yo debería estar allí. Entraba a cada templo que veía abierto. Sentía una necesidad de estar siempre cerca al Señor”, afirmar Víctor Hernán, cargado de emoción. “Es un milagro que se está dando en cada uno de nosotros. Es algo que el entendimiento humano no lo puede captar muy bien por la razón, sino por fe. Nosotros queremos ser sacerdotes santos”. | |
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