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Lima, 19 de diciembre del 2004 |
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| “Limpiemos nuestras almas para recibir al Redentor”, “No es cuestión de estudiar, de leer o ver cosas raras, sino de dejar que el Espíritu Santo te abra la conciencia y que tú lo escuches, porque si Jesús no nace por obra del Espíritu Santo, no es el hijo de Dios y la Navidad sólo será una fiesta bonita con comida, música y regalos, pero no con Jesús”, remarcó. Al recordarles a los fieles que el silencio del Espíritu Santo no es bueno, los instó a “pedirle” al Paráclito -en la intimidad de la oración- que les enseñe la verdad del Hijo de Dios que viene al mundo para salvarnos del pecado. “Dile: Quiero que Jesús nazca en mi alma por obra tuya, no con mi imaginación”. “La Navidad es el gran momento de la verdad. Unos se quedarán en el panteón, las luces, el festejo y otros encontrarán que Jesús viene a sus vidas... Deja que el Espíritu Santo te hable de la verdad”, continuó el Arzobispo de Lima. En ese sentido, reiteró que la Navidad es un festejo maravillo no porque es la fiesta de las ventas y de los regalos, sino porque llega el Salvador del mundo, a quien debemos recibir con total sinceridad. “Cuando en tu alma no hay arrepentimiento, cuando falta esa sinceridad contigo mismo, Dios aunque le hables y zapatees, te dice: no es verdad, en tu corazón no hay un cambio”. “Qué Jesús reine en tu corazón y verás que tu vida cambia”, pues el Hijo de Dios ha venido para liberando del pecado, punto de partida de todas las tragedias del mundo. “Qué en cada Navidad, Jesús vuelva a nacer en tu corazón y puedas tener la alegría de decirle: gracias por haber venido para perdonarme”, finalizó el Pastor de Lima. | |
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| [Reseña histórica de
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