Lima, 20 de diciembre del 2004

 
   
 

Manchay: Ilusión y esperanza en Navidad

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La Navidad llegó a Manchay y con ella la ilusión y esperanza que trae consigo el nacimiento del niño Jesús. Allá, en ese arenal, donde los niños juegan a ser grandes todos los días, cargando baldes de agua para subsistir, cuidándose entre mayores y menores como padres a hijos, caminando kilómetros bajo el calor, se vivió el ambiente propio de Navidad. Fueron dos mil niños los que de manos del Cardenal Juan Luis Cipriani recibieron un obsequio.

“Ese perrito es de mi hermanita, estos platitos son míos... Mi hermano mayor está recogiendo su pelota y estoy buscando a mi otro hermanito para saber qué le han dado...”. Ella sonreía feliz. Estaba apurada y sólo dijo eso antes de poder dar su nombre. Se marchó corriendo, llevando entre sus brazos los presentes. En ellos iba no sólo su ilusión, sino la de su familia que gracias a la alegría de compartir de otros, tendrá este año una feliz Navidad.

Fueron dos mil niños. Comieron, rieron, cantaron, bailaron, jugaron, y sobre todo, soñaron. Como pocas veces lo hacen, se sintieron niños de verdad. Se dieron cita en el Colegio Parroquial Virgen del Rosario, y sin mamá ni papá al lado, dejaron de lado -por unas horas- sus ‘preocupaciones’.

Una mano solidaria

Cada uno de ellos recibió un panetón personal, una leche, y claro, su juguete. En este día especial, conocieron a los Mad Science y participaron en la realización de sus experimentos. Tuvieron de cerca a Shrek, Bob el constructor, así como a Papa Noel y su Reno.

Pero también recibieron de cerca el cariño del Cardenal Juan Luis Cipriani, a quien persiguieron para darle la mano, saludarlo y bromear con él. Su llegada motivó sonrisas y claro, esperanza. Con su arribo sintieron a su lado el apoyo de la gente que desinteresadamente, motivada por la Iglesia, les demostraba su solidaridad.

“¿Saben quien es el motivo de esta reunión?”, fue la gran pregunta que les hizo el Arzobispo de Lima, después de confundirse entre ellos. A su lado, el Padre José Chuquillanqui, ‘el motor’ de Manchay, sabía que la respuesta no defraudaría al Pastor.

“¡Jesús!¡El nacimiento del niño Dios!”, fue la respuesta que a viva voz dieron los niños. La J, la E, la S, la U y de nuevo la S, que habían repetido desde temprano tenía eco en sus mentes... Y en su corazón.

Gratitud celestial

No defraudaron al Purpurado cuando les pidió rezarle al niño Dios, para darle gracias por la alegría que les traía. Cómo dejarlo de lado, si ese gozo se respiraba en este lugar. Y la gratitud alcanzó a María y José.

“Acuérdense que el motivo de esta reunión es celebrar a Jesús. Los regalos son para llevar a la casa un rato de alegría. Queremos que se sientan cerca de nuestra Iglesia que nos enseña a querernos, ayudarnos y estar unidos”, les dijo.

En esta celebración, hubo recompensa al esfuerzo. Diecisiete niños que ocuparon los primeros puestos en el colegio anfitrión, recibieron bicicletas. “Elige la que más te guste”, era la frase que le repetía a cada menor el Arzobispo. El derecho se lo habían ganado.

La esperanza también llegó a cien hogares, calificados como de real extrema pobreza. A cada uno de ellos se les entregó canastas con víveres. El mensaje fue claro: A pesar de las dificultades, no están solos.

“Compartir es una bendición, no solo en Navidad sino todo el año. Ojalá que aprendamos ese mensaje. La Iglesia viene hoy a decirle a todos que hay que compartir los bienes materiales y no sólo los espirituales”, fue otra de las enseñanzas que remarcó el Cardenal.

A poner el hombro

En su mensaje adelantado a la celebración del nacimiento de Jesús, el Arzobispo de Lima confió en que esta fiesta “cambie un poquito nuestros corazones. Jesús vino y seguimos viendo corrupción, abuso, pobreza. Vivamos esta fiesta, para que de esa manera podamos decir hay un antes y un después de la Navidad”.

Al encontrarse en medio de los niños necesitados, y recordar las condiciones en las que viven los 80 mil pobladores de esta zona, una de las más pobres de Lima, el Pastor de Lima pidió dejar de lado las políticas partidarias y los insultos para pensar en lo que necesita la población.

En el caso de Manchay, precisó que entre las muchas carencias, es prioridad la ejecución de la carretera y el agua. “La pista central tiene 7 kms. Contar con la vía abarataría mucho el costo de agua, impediría las enfermedades y facilitaría el comercio. También necesitan del líquido elemento que es un proyecto costoso. Todos debemos poner el hombro”, anotó.

Y es que en su voz se unió el deseo de toda la población del lugar: Progresar es un sueño, no solo de los niños sino también de los mayores. Tal vez mañana sea realidad, y como ocurrió hoy, gracias a la alegría de compartir y dar de otros. La ilusión y esperanza de Navidad se mantienen en Manchay.
   
 

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