Lima, 14 de noviembre del 2004

 
   
 

La falta de trabajo y empleo es un maltrato
a la dignidad humana, afirma Cardenal Cipriani

El Cardenal Juan Luis Cipriani recordó hoy domingo, que la Iglesia siempre estará al lado del desempleado pues la carencia del trabajo es un maltrato a la dignidad humana. Reiteró además la obligación de aquellos que tienen más, de ayudar a los menos favorecidos, promoviendo puestos laborales.

Durante la misa dominical, el Arzobispo de Lima dijo que el apoyo de la Iglesia no tiene como fin la violencia o la agitación, sino que busca “despertar las conciencias de las instituciones nacionales e internacionales, privadas o públicas”, ya que “la falta de trabajo no es un problema económico o político, sino moral”.

“Basta con mirar la cantidad de dinero que se gasta en otros fines para darnos cuenta que en el fondo no hay una decisión clara y firme de decir: Toda persona tiene derecho a acceder a un trabajo que lo ayude a mejorar como persona y como hijo de Dios”, expresó el Purpurado.

Indicó que es un deber que el mundo de hoy no afronta, “no porque no puede, sino porque no quiere”, pues “aunque hay algunos que ganan mucho y muchos que tienen poco, no hay esa solidaridad moral”.

Oportunidad de amar a Dios

Durante sus palabras a los feligreses, el Cardenal Cipriani dijo que “el trabajo es un lugar de encuentro con Dios, un vehículo para ir hacia Cristo; el lugar donde podemos aprender cosas nuevas, y el modo en que ganamos el sustento diario”.

También detalló que el trabajo “es el ambiente donde desarrollamos nuestras virtudes –como la paciencia, alegría, honradez, amistad, fortaleza, paciencia y honestidad- y las capacidades que en el mundo se necesitan para ser mejor”.

A pesar de estas precisiones, resaltó la expresión solidaria del trabajo, donde cada día, “uno tiene la oportunidad de amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”.

Al respecto, dijo que este pensamiento se pone en práctica “desde que preparas el desayuno, ayudas a tus hijos en las tareas escolares, vas a tu empleo”, y también cuando aquellos de mayores posibilidades invierten recursos económicos para abrir más puestos de trabajo.

Capital moral

En la homilía, el Pastor de Lima destacó lo que el Magisterio de la Iglesia dice respecto al capital, el cual tiene una hipoteca social. “Está hecho para compartirlo en generar trabajo, y por supuesto con eficiencia es lícito tener beneficios económicos”, dijo.

Asimismo, enfatizó la idea de que “no todos tendremos igual, ese sueño marxista no es verdad, pero tampoco podemos decir esto es mío y nadie lo toca. Esa propiedad privada tiene una hipoteca social. Hay una obligación de quien tuvo más inteligencia, heredó un dinero o maneja una empresa, de invertir, generar empleo y ayudar a los que no tienen”.

La base del trabajo está en servir a los demás

El Primado de la Iglesia en el Perú destacó la importancia de acceder al trabajo ya que permite tener comida, vivienda, educación, en síntesis mejorar la dignidad humana.

A pesar de ello pidió no olvidar que la base del trabajo está en realizarlo por amor a Dios y al prójimo, ya que esos son los dos mandamientos que condensan todo el Magisterio.

“Por eso en el trabajo la motivación es importante: Quiero servir a los demás, quiero esforzarme por hacer mi trabajo lo mejor posible, aunque sea muy pequeño. Esa suma de pequeños esfuerzos hace grande el resultado”, afirmó.

Misa por el Niño y Joven Excepcional

La Misa celebrada hoy domingo tuvo un marco especial, ya que reunió a los niños y jóvenes excepcionales de Lima y Callao, participantes de la decimoquinta peregrinación que cada año organiza la Oficina Nacional de Educación Católica.

El Cardenal Juan Luis Cipriani pidió no sólo por los niños y jóvenes sino también por sus padres y profesores “para que el Señor les de esa esperanza y alegría, y premie su esfuerzo por ayudarlos”.

Dado el carácter de la peregrinación, cuyo fin es sensibilizar a la población sobre los derechos de la persona con discapacidad, el Arzobispo Primado destacó que “estos niños y jóvenes son como pequeños ángeles. Su disminución para nosotros puede parecer algo que los hace peores o difíciles, pero delante de Dios es al revés, tiene mucha más alegría y amistad”, dijo.

Asimismo, destacó que “Dios sabe que esas limitaciones son un tesoro para que nosotros podamos ayudarlos, y agradecerle por nuestra salud, y como gente solidaria acudamos a todos estos programas de ayuda y educación a niños excepcionales”

La peregrinación, que fue organizada por la Oficina Nacional de Educación Católica, se inició en la Iglesia San Francisco. Terminada la Eucaristía, los niños y jóvenes recibieron la bendición y el saludo del Cardenal Cipriani. Luego se dirigieron a la Vicaría de la Caridad, obra social del Arzobispado de Lima, donde culminó el recorrido.
   
 

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