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Lima, 22 de octubre del 2004 |
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Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús Durante la homilía, el Arzobispo de Lima, exhortó a los sacerdotes a ser otros Cristos, al destacar la importancia de la vida presbiteral. “Tu vida, tu vocación tiene sentido, en la medida en que vivas cada día la Santa Misa. En la celebración Eucarística es donde se renueva la redención, la muerte y la resurrección de Jesús”, remarcó. “Tendrás abundantes frutos apostólicos en relación a la unidad con que te acerques a la misa, al tiempo que le dediques al sacramento de la reconciliación, a la tarea de la catequesis”, expresó el Cardenal dirigiéndose al diácono, no sin antes manifestarle lo siguiente: “Cristo necesita de tu juventud, de tu entusiasmo para anunciar el evangelio”. Asimismo, recordó que el centro de la misa conmemora la muerte del Señor. “Por eso te pido, en el rincón donde estés, con todas las obligaciones que tengas: ¡Prepárate bien! Celebra misas con el Movimiento, deposita en cada celebración eucarística todas tus ilusiones y verás que de esa manera vivirás la vida llena de gozo”. Del mismo modo, dirigiéndose a los fieles, señaló que “si no buscamos abrazarnos a la cruz de Cristo” también nos faltara la alegría, la serenidad y la paz. “Cuando contemplamos al Papa de una manera heroica en la cruz, en esa entrega tal de su sacerdocio, de su episcopado, como sucesor de Pedro, lo vemos más alegre, con mucho más fruto apostólico, porque es Cristo mismo. El dolor hermanos, al que tanto miedo le tiene la sociedad de hoy, es señal de la redención”, agregó. Volvamos la mirada a Cristo Eucaristía En otro momento de la homilía, el Cardenal Juan Luis Cipriani recordó el llamado del Santo Padre para ser partícipes del Año de la Eucaristía. “El Papa quiere de manera tan especial, decirle a la Iglesia: Volvamos la mirada a la cruz, que es la renovación en la misa; volvamos la mirada a la alegría del alimento del cuerpo de Cristo, que también es un anticipo, la Última Cena de lo que va a ser la entrega en la cruz; y centremos la vida de la Iglesia en esa adoración a la presencia real de Cristo con su cuerpo, su sangre, su alma y su divinidad en todos los sagrarios del mundo”. Explicó que “de ese amor de Cristo, de esa fe en Cristo Eucaristía, de esa misa celebrada o asistida, de esa recepción de la sagrada comunión brota de una manera absolutamente necesaria un amor al prójimo, un afán apostólico, un deseo de llevar el mensaje de Cristo, un deseo de visitar hasta el último pueblo, un deseo de perdonar, un deseo de ayudar a la gente más a humilde, enferma y pobre”. | |
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| [Reseña histórica de
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