NOTA DE PRENSA

 

Lima, 9 de abril de 2005

 
   
 

Jóvenes de Lima darán último adios a Juan Pablo II
en Misa de acción de gracias

Pañuelos amarillos en mano, cantos, palmas, aplausos y vivas. Esta vez, Juan Pablo II, “el amigo”, no estará frente a ellos. Sin embargo, los jóvenes de Lima a los que él tanto amó y a quienes se entregó, le darán gracias a Dios por el don de su presencia paternal, cercanía y amistad. El día del encuentro es el domingo 10; el lugar, la Basílica Catedral de Lima; y la hora, 11 a.m.

Una de las cosas que el Papa enseñó a los jóvenes fue la gratitud. Hoy ellos ponen en práctica su ejemplo, pasándose la voz para participar el domingo, en una Misa de Acción de Gracias en la Iglesia Primada del Perú, convocada por la Comisión Arquidiocesana de Juventud, de la Arquidiócesis de Lima.

“Ha llegado la hora de agradecerle a Dios por habernos permitido contar con un Padre como Juan Pablo II, por su cercanía y amistad con los jóvenes”, dice el afiche que actualmente circula por las instituciones de Lima.

A esta Eucaristía están invitados a asistir jóvenes de las parroquias, grupos juveniles, movimientos, universidad e institutos de la Arquidiócesis de Lima. Deberán llevar pañuelos amarillos, que agitarán una vez más en el aire, identificándose con el Santo Padre.

El Papa de los jóvenes

Desde 1985 la Iglesia ha visto surgir las Jornadas Mundiales de los Jóvenes. Su génesis -recordaba el Santo Padre- fue el Año Jubilar de la Redención y el Año Internacional de la Juventud, convocado por la Organización de las Naciones Unidas en aquel mismo año.

Los jóvenes fueron invitados a Roma. Y éste fue el comienzo. (...) El día de la inauguración del pontificado, el 22 de octubre de 1978, después de la conclusión de la liturgia, dije a los jóvenes en la plaza de San Pedro: "Vosotros sois la esperanza de la Iglesia y del mundo. Vosotros sois mi esperanza".

Con la juventud peruana

En sus visitas al Perú, el Santo Padre tuvo un acercamiento especial con los jóvenes peruanos. En 1985, cuando se celebra el Año de la Juventud, miles colmaron el Hipódromo de Monterrico, para escucharlo y recibir sus enseñanzas.

En esta ocasión, el Papa fue claro en su mensaje: “Los jóvenes, poniendo en juego su generosidad, no han de tener nunca miedo al sufrimiento visto a la luz de las Bienaventuranzas. Han de estar siempre cerca de los que sufren y han de saber descubrir en las propias aflicciones y en las de los hermanos el valor salvífico del dolor, la fuerza evangelizadora de todo sufrimiento”.

Sus palabras también alcanzaron a los padres y autoridades: “Que importante es educar a los jóvenes y a las jóvenes para el "amor hermoso", con el fin de alejarles de todas las asechanzas que tratan de destruir el tesoro de su juventud: de la droga, la violencia, el pecado en general”.

Desde ese lugar, su voz resonó para todo el país: “construid un Perú donde resuenen, hechas ánimo y esperanza, las palabras del Apóstol: "Os saludo, jóvenes, que sois fuertes, que el mensaje de Dios está en vosotros y que habéis vencido al maligno" (1 Jn 2, 14). Vuestra victoria no será la de las armas, sino la del espíritu de las Bienaventuranzas, hechas vida propia y proclamadas al mundo”.
   
 

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