Lima, 5 de agosto de 2005

 
   
 

Cardenal Cipriani destaca ejemplo
de San Juan María Vianney
para sacerdotes y fieles

Una profunda reflexión sobre las virtudes de San Juan Maria Vianney, el Santo de la oración, hizo el Arzobispo de Lima durante la Santa Misa realizada en la Parroquia dedicada al sacerdote, en Magdalena.

Durante su mensaje a la comunidad, el Primado de la Iglesia en el Perú destacó que hay dos cosas fundamentales para la vida del cristiano: la oración y el sacrificio.

Al hablar sobre este tema se refirió a San Juan María Vianney, afirmando que el secreto de este sacerdote, que hacía milagros constantemente, se hallaba en su oración permanente frente al Santísimo Sacramento.

El Cardenal enfatizó la importancia de la Eucaristía, sacramento donde encontramos a Jesús. ”Nuestro Señor está ahí escondido, esperando que vayamos a visitarle, a pedirle. Él está ahí; suspira e intercede sin cesar junto a su Padre por los pecadores”, dijo.

Agregó que en la Eucaristía están las respuestas a todos los males de hoy. “Por eso, no le demos más vueltas y hagamos el propósito de decir: Señor voy hacer mas oración y a estar unos minutos contigo”, afirmó.

En su homilía, el Purpurado llamó a los fieles a mirar en San Juan María Vianney el ejemplo a seguir. “Los santos son gente de carne y hueso. A él le costaba mucho levantarse a las tres de la mañana, y después de almuerzo tenía la tentación de la siesta. Pero pese a ello, vencía la tentación y se iba al confesionario de la Iglesia”, señaló.

“Por eso podemos decir que es el Santo de oración, el Santo que estaba junto al sagrario, y al mismo tiempo es el Santo del sacrificio, no se hizo santo de buena gente, el sabía que tenía que domesticar la rebeldía de su cuerpo, de su flojera”, expresó.

La cruz es el camino para ir al cielo

El Cardenal se dirigió a los católicos para pedirles que valoren lo que significa ser cristianos, donde la cruz es el camino para ir al cielo.

“Ser cristiano hoy es difícil, tener fe... Es difícil pero Dios no se ha olvidado de nosotros, Dios no es menos generoso que con San Juan María Vianney, Jesús no es diferente que el que estaba en la cruz y resucitó. Es el mismo. Él no ha cambiado nada el cielo, hemos cambiado nosotros en la tierra”, precisó.

Afirmó que “las enfermedades, las tentaciones, las penas, etc, son las manifestaciones de esa cruz que nos lleva la cielo”.

“Nuestro Señor es nuestro modelo, Él tomó la cruz primero. Tomemos nuestra cruz, sigámoslo. Sufrir amando no es sufrir. Huir de la cruz, al contrario, es querer ser aplastado”, finalizó.
   
 

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