Lima, 11 de diciembre de 2005

 
   
 

Cardenal Cipriani pidió llenarnos de alegría ante la cercanía de Dios

La Celebración Eucarística en el tercer domingo de Adviento fue presidida por El Arzobispo de Lima y Primado del Perú, Cardenal Juan Luis Cipriani a su retorno de Roma. A la Basílica Catedral de Lima concurrieron numerosas religiosas en busca de la Indulgencia Plenaria concedida por Benedicto XVI con ocasión del año jubilar de Santo Toribio de Mogrovejo.

El Pastor de Lima invocó, en este tiempo previo a la Navidad, no centrarse en el consumo y en las compras sino en temas trascendentes que nos llenen de alegría porque Dios ya viene y está cerca. El regalo deber ser visto tan solo como un pequeño gesto de amor hacia los demás” pero no como lo esencial.

Exhorto, igualmente, a no caer en la “intoxicación política” ante las elecciones generales del año entrante. Debemos redimensionar “la vida del país y no convertirla en un mero teatro político, repitiéndose lo que ocurrió cuando nació Jesús, que: “No había lugar para Él porque la gente estaba ocupada en otras cosas”.

Restaurar el verdadero sentido del servicio

La actual coyuntura ha generado que el ‘dios consumo” y el deseo exagerado de tener se vaya imponiendo alejando a Dios verdadero de la vida pública y poniéndose en el tapete temas que no la favorecen en nada. “Necesitamos más que nunca raíces profundas en nuestras vidas para que no desparezca la huella del nacimiento de Jesús. Esa exagerada demanda por el consumo preocupa, así como la invasión política en todos los niveles de la vida humana”.

Hay una tendencia en la sociedad actual a pensar que el estar inmiscuido en el mundo político genera poder, olvidando que la política es servicio, no poder. Debemos restaurar el verdadero sentido de servicio”.

Tantas veces buscamos más el poder y no el amor

Recordó un magistral pensamiento del Pontífice Benedicto XVI, expresado recientemente: “Tantas veces buscamos más el poder y no el amor” y enseguida solicitó a todos los fieles de la Iglesia en el Perú que se interrogaran así mismos: “¿Qué me dice el niño Jesús en el portal de Belén?”. Luego que se tenga la respuesta será de vital importancia “no perder esa profunda raíz encontrada en nuestro corazón y ponerla en práctica convenciéndonos que no tienen valor los ídolos que nos pone el mundo de hoy: “El tener, el dinero y el poder”.

Aún cuando el dinero y el poder sean objetivos deseables para muchas personas, debemos recordar que son tan solo“medios, nunca fines”. El fin de nuestra existencia es meridianamente claro: Amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”. Por ello, escuchemos al Santo Padre que nos exhorta a: “No dejar de buscar a Jesús ya que tiene todas las respuestas; no nos dejemos distraer por esos ídolos modernos”.

 

   
 

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