Lima, 24 de diciembre de 2005

 
   
 

Mensaje por Navidad 2005

El Arzobispo de Lima y Primado del Perú, Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne, animó a profundizar más en la fe, orar más a Jesús y buscar la paz que tanto ansiamos los peruanos.

Hermanos, hoy la Iglesia nos enseña que el Hijo de Dios se ha hecho carne y habitó entre nosotros. Cada año tenemos como hoy esa alegría familiar, nos reunimos con familiares lejanos, hemos preparado nuestro pesebre y nuestro árbol navideño, los niños especialmente ilusionados con sus regalos, pero todos nos juntamos para celebrar el nacimiento de Jesús.

El Evangelio nos lo explica: “En el principio ya existía la Palabra, que estaba junto a Dios y era Dios”. Entonces esa palabra es el verbo, hoy hecho carne y adquiere nuestro lenguaje para comunicarse con nosotros. Ojalá que cada uno de nosotros tenga la ilusión de tener los mismos sentimientos de ese Niño que desde el nacimiento nos está diciendo que está aquí para salvarnos y acompañarnos.

Familia peruana, estamos en un momento especialmente importante de nuestra historia, unámonos a la familia de Nazareth, a Nuestra Madre María -la gran protagonista de este nacimiento-. Hoy no sólo festejamos a Jesús que nace, sino a Nuestra Madre y Madre de Dios.

¡Qué bueno es que las madres sientan mucha cercanía con Ella!. ¡Qué buena es! ¡Cómo ayuda de manera especial a las mujeres para tener ese orgullo santo de ser madres, buenas esposas!. Al mismo tiempo encontramos en San José al hombre valiente, casto, limpio, puro, honesto que está al lado de su esposa y su hijo.

Familia peruana, sepamos educar en la fe, ser fieles a ese mandato que recibieron los pastores. “Gloria a Dios en el cielo”, oremos a Jesús; pidámosle esa paz que tanto deseamos todos en el país.

Por eso también un saludo muy especial a los enfermos, los niños, los ancianos, a todos aquellos que están lejos de sus hogares. A todos ellos, la paz, la alegría y la esperanza.

¡Qué Jesús esté contento al llegar a nuestros hogares! Tomemos la decisión de ser verdaderamente católicos, pero no sólo de sentimientos. Cuando digo “Feliz Navidad” me refiero a la felicidad del Niño Jesús que nace en nuestras almas. Tenemos que lograr que Él encuentre nuestros corazones abiertos para querernos más, que sea el lugar maravilloso y permita que la alegría, la paz y el optimismo lleguen al alma.

Que el Niño Jesús les dé la bendición de Dios, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

 

   
 

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