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Lima, 20 de febrero del 2005 |
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Con Misa de Acción de Gracias
“Felicito a los Heraldos por su fidelidad al Santo Padre, por su entrega generosa a la Iglesia, por su amor a María, por su unión con la jerarquía”, manifestó el Arzobispo de Lima y Primado del Perú, durante la Santa Misa que fue concelebrada por el Nuncio Apostólico, Rino Passigato. En la Eucaristía de Acción de Gracias realizada en la Catedral, participaron cientos de fieles, entre ellos los miembros de la campaña “Salvadme Reina por la Gracia de Jesús”, del Apostolodo del Oratorio “María Reina del Tercer Milenio” y de la Asociación Cultural “Virgen de Fátima”. Todos identificados con la imagen del Inmaculado Corazón de María. Al final de la Santa Misa, los Heraldos del Evangelio dieron a conocer el apostolado que realizan en el Perú y felicitaron al Cardenal Juan Luis Cipriani por su cuarto aniversario de creación cardenalicia, que se cumple mañana lunes 21. Asimismo, los Heraldos obsequiaron a los celebrantes rosarios de piedras brasileras. El Cardenal Juan Luis Cipriani agradeció el gesto y pidió a todos los fieles congregados en la Iglesia Primada, oraciones “para ser un instrumento fiel al servicio de la Iglesia”. El próposito de todo cristiano es buscar el rostro de CristoDurante la homilia, el Arzobispo Primado invocó a los fieles a buscar el rostro de Cristo, especialmente en el Año de la Eucaristía en el que “todos estamos comprometidos a acompañar a Jesús, para visitarlo en el templo, para hablar de Él a los demás”. “Lo primero que hay en tu vida y en la mía es que soy imagen y semejanza de Dios; por el Bautismo, hijo adoptivo de Dios, hermanos en Cristo. Esta es mi identidad”, señaló no sin antes explicar que la primacía de la gracia nos lleva permanentemente a buscar momentos de oración. En ese sentido, el Purpurado manifestó que ese díalogo sincero con Jesús se da de manera especial en la Eucaristía, pero también en otros momentos de nuestra vida diaria. “Qué importante es, para mantener vivo el amor de Dios, encontrar en nuestra vida momentos de conversación personal, para decirle hola, gracias, perdón, ayúdame, para contarle tus cosas y así mantener vivo ese amor de Dios”. Explicó que la primacía de la gracia empieza en esa oración diaria y evidentemente se alimenta –en esta Cuaresma de modo especial- en la Confesión. “Sal de tu tierra, rompe esas pequeñas ataduras, pecados, problemas de carácter, problemas personales, dificultades contra un mandamiento u otro. Sal de ti mismo, acude a Dios en la Confesión y deja que Él entre en tu alma”. | |
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