Lima, 27 de febrero de 2005

 
   
 

Cardenal Cipriani invoca a vivir
una verdadera amistad con Dios
a través de la oración y los sacramentos

Acompañado de cientos de fieles, el Arzobispo de Lima oró por la salud y las intenciones del Papa Juan Pablo II.

Una invocación a descubrir el ‘agua viva' que calma la sed, que quita la tristeza y nos llena de alegría e ilusión, hizo el Cardenal Juan Luis Cipriani, en la Santa Misa que celebró en la Basílica Catedral. “Esto es lo que tenemos que hacer todos los días de nuestra vida, desde niños hasta ancianos: vivir esa amistad con Jesús hasta la vida eterna”.

Durante la homilía, el Arzobispo de Lima explicó que a través de la oración frecuente y de los Sacramentos podremos conocer íntimamente a Jesús, quien no es un ser lejano que está en el cielo, sino que se encuentra entre nosotros, en cada instante de nuestras vidas.

“Hermanos que no se nos pase la vida como por un túnel oscuro en donde Dios es una palabra que no significa mucho, donde la oración no llega a esa intimidad”, expresó el Purpurado, al exhortar a los fieles a dedicar parte del día a conversar íntimamente con Dios, sobre los asuntos que forman parte de la vida.

“Cierra los ojos, contempla a Jesús en tu corazón...Dile: Señor necesito esto, te pido perdón por esto otro, y Él también te dirá: entrégate de todo, quítate ese pensamiento que te hace daño; ayuda a aquel amigo, visita a aquel enfermo, acércate a la confesión”, prosiguió.

Sacramentos: pozos de agua viva

Explicó que a través de los Sacramentos, cada fiel ha recibido a la tercera persona de la Santísima Trinidad, el Espíritu Santo, quien nos habla, aconseja y acompaña en cada momento de nuestras vidas. Por ello invocó a escucharlo en el silencio de la oración sincera o al asistir a los sacramentos, que son “pozos de agua viva”.

“Acude con fe a los Sacramentos y a la oración frecuente. Ese silencio que te lleva a encontrarte contigo mismo para que te conozcas y dialogues sinceramente con Jesús, es esencial para hacer la voluntad de Dios”, destacó el Arzobispo Primado.

“Así podremos vivir una vida alegre, bonita, con caídas, cansancio, desánimo, pero también con gozo, luz, apostolado y con gente que entrega su vida. De esa manera seremos en el mundo ese alimento, esa bebida que le da a la gente ánimo, fuerza”, prosiguió, no sin antes hacer una invocación a la Virgen María para que en el tiempo de Cuaresma, conozcamos el don de Dios.

Recordando especialmente al Santo Padre

En esta celebración eucarística, el Arzobispo de Lima y Primado del Perú oró con los fieles por la salud y las intenciones del Santo Padre, Juan Pablo II. “Es lógico que en una familia, cuando el padre está enfermo, los hijos se acuerdan de él día y noche. Por eso también, en la misa de hoy, recordamos especialmente al Santo Padre, para que el Señor lo acompañe, lo fortalezca y lo ayude en estos días en que está recuperándose”.
   
 

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