Lima, 17 de julio de 2005

 
   
 

“Quien sigue a Cristo
no cae en apetitos desordenados”,
enfatiza Obispo Auxiliar

“Hay una justicia divina ante la que nadie va a escapar, por ello tengamos la firme esperanza de que el mal y la corrupción no quedarán impunes”, dijo Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, en la Santa Misa dominical.

Un mensaje alentando a los fieles a que no se dejen vencer por el mal, pues al final de los tiempos la justicia divina se encargará de llevar al reino de los cielos a los buenos, dio el Obispo Auxiliar de Lima, Monseñor José Antonio Eguren Anselmi en la Santa Misa.

Durante la homilía pronunciada en la Basílica Catedral de Lima, destacó las enseñanzas del evangelio del día, resumidas en las parábolas de la cizaña, del grano de mostaza y de la levadura..

Del grano de mostaza, dijo que en éste se encuentra el origen de la Iglesia, que ha caído en tierra firme y se ha extendido a todo el mundo, a través de la proclamación del evangelio.

“Más de mil 200 millones de hombres y mujeres hoy profesan la fe en Jesucristo, y por el bautismo se han incorporado a Jesús y son miembros de su Iglesia: la católica”, dijo.

Pero también señaló que pese a ello, el tercer milenio nos llama a asumir el reto de la nueva evangelización, y a remar mar adentro dejando de lado triunfalismos.

“Sí, son muchos los que creen, pero también son muchos más los que están necesitados que con el ejemplo y con la palabra valiente les proclamemos a Cristo como único salvador, como el camino, la verdad y la vida”, enfatizó.

Seamos levadura

Al referirse al último relato, de la levadura que en pequeña medida levanta la masa, dijo que los cristianos debemos ser para el mundo como esa levadura, para que la masa social no se desmorone, siempre siendo coherentes con el ejemplo de vida cristiana.

“Seamos fieles al Evangelio, al mensaje cristiano, a la enseñanza de la Iglesia, aún cuando esto suponga ser signo de contradicción e ir contra la corriente, y nos acarree la oposición, la burla o la persecución de parte de los demás”, expresó.

Al referirse a este tema pidió tener cuidado frente a esta realidad, para “que no caigamos ante las novedades y corrientes de modas de hoy, porque vivimos tiempos de mucha confusión, en la época de la dictadura del relativismo, como la ha llamado Benedicto XVI”.

No dejemos avanzar al mal

Finalmente, sobre la primera parábola, la más extensa en el relato, referida al trigo y la cizaña dijo que el campo es el mundo. “Dios ha sembrado semillas buenas pero ha habido alguien, el maligno, que quiere expropiar este mundo sembrando el mal”.

Citó como una enseñanza, que el bien y el mal siempre convivirán pero será al final de los tiempos cuando el Señor separará a los escogidos que irán al reino de los cielos.

“Dejemos el juicio a Dios, que al final de los tiempos él sea quien traiga la absoluta victoria de su reino sobre el mal y separe el trigo de la cizaña”, mencionó.

Terminó su mensaje, mencionando otra enseñanza que involucra a los católicos. “El mal avanza porque nos dormimos y lo dejamos avanzar con nuestros pecados y omisión, nuestras flojeras, nuestra cobardía, temores y miedos. Son tiempos para saber llamar a las cosas por su nombre, y oponerse al mal no permitiéndolo”, concluyó.

   
 

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