Lima, 6 de marzo de 2005

 
   
 

Mons. Eguren invocó a vencer la ceguera del espíritu,
que impide ver la verdad

La incapacidad de ver la verdad, es la más terrible de las cegueras, porque nos impide realizarnos en plenitud y desplegarnos en felicidad y libertad auténtica, manifestó el Obispo Auxiliar de Lima, Monseñor José Antonio Eguren, durante la Santa Misa que celebró hoy, cuarto domingo de Cuaresma.

Ante cientos de fieles que se congregaron en la Basílica Catedral, el Prelado señaló que actualmente muchos hombres son ciegos frente a la verdad, porque son incapaces de reconocer a Cristo como el salvador. “Basta ver como en el mundo de hoy se extiende el aborto, se atenta contra la santidad del matrimonio y los derechos humanos...”.

Por ello, los invocó a acoger la luz de Cristo, la única que permite a cada ser humano descubrir el misterio de su vida y, de esta manera, abrirse paso a la verdad y a la felicidad plena. “En Jesucristo encontramos la respuesta a las preguntas más importantes de nuestra vida: ¿Quién soy? ¿Qué es lo que tengo que hacer para ser feliz?”.

Asimismo, invitó a la feligresía a elevar sus oraciones a Dios durante este tiempo de Cuaresma, a fin de que no sean víctimas de la ceguera del espíritu, que lleva al hombre por el camino de la mentira. “Señor creemos, pero auméntanos la fe. Ayúdanos a acoger tu luz que es la única que me ayuda a abrirme a la verdad”, rogó.

Alegres y contentos durante nuestro peregrinar por el mundo

En otro momento de la homilía, Mons. Eguren reiteró el llamado de la Iglesia ante la proximidad de la Semana Santa. “Estemos contentos y alegres, porque dentro de poco, Cristo, con su entrega generosa en la cruz, cancelará la deuda de nuestros pecados y abrirá para nosotros un horizonte lleno de luz y de vida de salvación”.

Sin embargo, expresó que la alegría del cristiano no se debe limitar a un tiempo determinado de nuestra vida. “Alegres y contentos tenemos que estar en nuestro peregrinar por este mundo, aun cuando muchas veces nuestro caminar esté marcado con la cruz de la enfermedad, de la prueba, la incomprensión y la soledad...”.

“El gran mensaje que nos deja este IV domingo de Cuaresma es el de no perder nunca la alegría que brota de saber que Dios nos ama y que el Señor Jesús camina con nosotros”, continuó el Prelado, no sin antes recordar que quienes confían en Dios nunca se verán defraudados, “porque Él es el camino, la verdad y la vida”.
   
 

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