Lima, 24 de mayo de 2005

 
   
 

“No dejen de ser portadores
de ese amor a María Auxiliadora”,
pide Cardenal Cipriani a familia Salesiana

La familia Salesiana y los fieles de Lima se unieron para manifestarle su amor a María Auxiliadora en el día en que la Iglesia Católica celebra su memoria, durante la Santa Misa que presidió el Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne.

Las muestras de cariño hacia la imagen de la Virgen no se hicieron esperar en este día especial, donde los aplausos, flores y vivas para “María, Auxilio de los cristianos”, resonaron en el Santuario del distrito de Breña.

Durante el mensaje que dirigió a los fieles, el Arzobispo de Lima destacó la labor de la Congregación Salesiana al difundir la devoción hacia María Auxiliadora entre la gente. También hizo un reconocimiento al trabajo que realizan con la juventud.

Instando a los Padres Salesianos a seguir el ejemplo de “San Juan Bosco, ese Santo extraordinario de la Iglesia”, les pidió continuar con su orientación a la juventud. Al mismo tiempo los llamó a promover las vocaciones, que “vendrán porque Dios quiere enviarlas, pero hay que buscarlas y formarlas”, dijo.

En su mensaje a los fieles, el Purpurado reflexionó sobre la importancia de amar a María, y de ver a través de sus ojos a su Hijo, para acercarnos más a Él. Por eso, recordó, que “el rosario es el mejor modo de estar con Ella”.

“Jesús te busca a través de María. Acércate a Ella sin temores, confíale tus problemas, pero responde a la amistad que te brindan junto a Dios cumpliendo lo que nos piden: los diez mandamientos”, enfatizó.

En este día festivo, el Cardenal Cipriani tuvo palabras especiales para los devotos de la Virgen, entre ellos los alumnos y exalumnos Salesianos, a quienes invocó para que “no dejen de ser portadores de ese amor a María entre sus amigos””.

Historia

La historia del establecimiento de la fiesta de María Auxiliadora se remonta a la época de Napoleón Bonaparte, quien al asumir el poder, restableció el catolicismo en Francia.

En esta etapa anuló las leyes revolucionarias de proscripción y permitió a los sacerdotes regresar a sus iglesias devolviendo catedrales, parroquias y seminarios a los obispos.

Sin embargo, embriagado por sus triunfos y ambición desordenada, exigió al Papa Pío VII algunas cosas que el Pontífice no podía conceder, dando lugar a nuevos conflictos con la Iglesia.

El Papa fue hecho prisionero en el castillo de Fontainebleau por el emperador francés y, durante los cinco años que estuvo preso, dedicaba especialmente una parte del tiempo de sus oraciones a María Santísima, Auxilio de los cristianos, para que protegiese a la Iglesia, perseguida, desgobernada y desamparada.

Los ruegos del Papa fueron escuchados y en 1814 Napoleón firma su abdicación. En 1815, cuando la Iglesia había recuperado su posición y poder espiritual, el Papa, para manifestar el agradecimiento de todo el orbe católico a la Virgen María, bajo su advocación de auxilio de los cristianos y como expreso reconocimiento de la infalible protección de la Madre de Dios, instituyó la fiesta de María Auxiliadora el día 24 de mayo para perpetuar el recuerdo de su entrada triunfal a Roma al volver de su cautiverio en Francia.

   
 

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