Lima, 15 de noviembre de 2005

 
   
 

Cardenal Cipriani animó a ser amigos de María
y cumplida asistencia a la Misa Dominical

Invitado especialmente por el Obispo de Ica, Monseñor Guido Breña López, OP, el Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne, Arzobispo de Lima y Primado del Perú, clausuró el IV Congreso Eucarístico y Mariano ante miles de fieles de esa querida diócesis

IV Congreso Eucarístico y Mariano

“Me uno los fieles de esta maravillosa Diócesis, que han venido de Chincha, Pisco, Nazca, Palpa e Ica y tantos otros pueblos vecinos”, fueron las palabras con las que el Pastor de Lima inició la homilía durante la Celebración Eucarística que dio fin al IV Congreso Eucarístico y Mariano en la ciudad de Ica.

El Cardenal Cipriani se mostró emocionado por estar en la explanada del Santuario Diocesano de la Virgen del Rosario de Yauca, ubicado a 30 Km de dicha localidad, en medio de inmensos arenales y desiertos.

“Los animo a rezar el Rosario, a llevar el escapulario y, en general, a ser muy amigos de María y portarnos como buenos hijos de tan gran Madre”, invitó Su Eminencia a los miles de fieles que llegaron caminando desde “Chincha, Pisco, Nazca, Palpa e Ica y tantos otros pueblos vecinos”.

No importaron las dificultades propias del transporte o el intenso calor ya que imperó la fe de todos los presentes, quienes con sus oraciones y cantos demostraron su gran amor a Jesucristo.

Cristo nos acoge maltratados por las asperezas del camino y nos reconforta con el calor de su comprensión, sin embargo, “ese alivio personal y profundo lo podemos encontrar solamente en el Pan Eucarístico. ¡Qué importante es recibirlo con el alma limpia de pecado!”.

Para poder acercarnos a Jesús como es debido, acudir a María es imprescindible puesto que es Ella quien mediará por nosotros; por ende es primordial entender que Ella siempre se preocupó por los demás antes de hacerlo por sí misma. Por eso es que “todo es alegría, fe y entrega junto a María en la Misa Dominical”.

Por eso, el católico siempre estará ante Nuestra Madre para “darle las gracias, para pedirle que no lo abandone nunca, que lo ayude a no pecar ni hacer sufrir a su Hijo”.

Un poco de historia

A comienzos del siglo XVIII, en la enorme y desértica pampa de Yauca, ubicada al sureste de Ica, unos lugareños encontraron entre unos matorrales una pequeña escultura de Nuestra Señora del Rosario, con el Niño Jesús y un rosario nacarado en sus manos, presumiblemente abandonada por arrieros que bajaban de la sierra ayacuchana.

Se pensó en trasladarla a Ica, sin embargo, debido al peso no pudieron levantarla. Este hecho fue interpretado como un deseo de la Madre de Dios por querer permanecer en aquellos lugares. Posteriormente, le fue edificada una sencilla capilla en las inmediaciones y fue, sólo después de una plegaria hacia Ella, que la imagen se dejó conducir a su suave morada.

La noticia corrió por valles y montañas, y desde entonces la Virgen de Yauca es venerada por sus hijos iqueños, que la hicieron su Patrona, y especialmente en el mes de octubre le tributan filial y cálida devoción.

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