Lima, 23 de noviembre de 2005

 
   
 

Cardenal Cipriani: “Con la Oración y la Eucaristía
desaparecen los desiertos interiores”

“Para los que aman a Dios todas las cosas son para bien”: Con este fragmento de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos, el Arzobispo de Lima y Primado del Perú, Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne inició su homilía en la Santa Misa realizada en la capilla del Colegio Juan XXIII dedicada a los miembros de los diferentes Institutos de Vida Consagrada.

Cardenal Juan Luis Cipriani

El Pastor de Lima ponderó el valor del alma humana en esta Celebración Eucarística donde estuvo acompañado por el Obispo Auxiliar de Lima Monseñor Adriano Tomasi y del Vicario Episcopal para religiosos y religiosas Monseñor Pedro Zubieta. Numerosos religiosos, religiosas y miembros de los Institutos de Vida Consagrada colmaron el templo.

La Pastoral Vocacional

El Cardenal Cipriani indicó que el año de la Eucaristía, nos ha dejado grandes enseñanzas no sólo para recordar, sino para renovarnos. El Cristo con el que nos encontramos en el Sacramento de la Eucaristía, es único y está presente en el Pan Eucarístico en toda la Tierra. Resaltó que esa enorme tarea de evangelización que realizan todas las comunidades religiosas en el mundo entero, es motivo de un profundo agradecimiento a Dios. “¿Qué sería de la Iglesia sin la vida religiosa y sin los diferentes carismas de la Vida consagrada?”. Por ello es que debe ponerse especial énfasis en la pastoral vocacional.

Enfatizó en la importancia de la Sagrada Escritura y el amar al Señor con la plenitud del corazón en tiempos en que se renueva el compromiso con Cristo, puesto que no es solamente un depósito de sentimientos que cambia con facilidad, sino que va mas allá: “Es la persona entera que se compromete con la oración, con la Eucaristía y con la evangelización”

A continuación, el Prelado hizo un llamado para no dejar que el resentimiento se apodere del espíritu, hay que abrir el corazón a la magnanimidad de escuchar al otro, de la comprensión, de la posible aceptación de sus excusas.

El Amor puede cambiar el mundo

El Purpurado expresó una profunda reflexión acerca de cómo el mundo actualmente se ha olvidado del amor y todo lo que eso trae consigo, por lo que hizo un llamado para recuperar esa virtud: “Lo que redime y da frutos es el amor que pone el Señor en nuestros corazones y somos nosotros los que lo cultivamos”.

“Para tal fin, la presencia de Jesús es determinante, puesto que en la Eucaristía Él está entre nosotros; su estancia no es estática, sino dinámica. La grandeza de este hecho y la acción de la Eucaristía nos invitan a participar de la vida eterna”, agregó.

Culminó exhortando a que la presencia de Jesucristo entre nosotros nos exija que tengamos un corazón puro, invitando a los fieles católicos a realizar una “conversión del mundo interior, de la vida en comunidad y hacer que los desiertos interiores desaparezcan”.

   
 

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