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Lima, 24 de noviembre de 2005 |
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| Cardenal Cipriani: En la Misa Dominical, el Arzobispo de Lima y Primado del Perú, Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne, destacó la importancia del tiempo de Adviento para enrumbar nuestra vida hacia la mejora de nuestro mundo interior.
Con la presencia de sacerdotes del X Decanato y Monseñor Angelo Catino, secretario de la Nunciatura Apostólica, como concelebrantes, el Pastor de Lima dio inicio al Adviento, “ese anuncio de la venida” en su primer domingo precisando que es imperativo preparar las almas para la llegada de Jesucristo. “Ese tiempo es una llamada al cambio, en que lo invisible tenga más valor que lo visible”, fue lo primero que expresó: que el mundo interior “tenga más fuerza que el exterior“. Citando al Papa Juan Pablo, explicó que el ser humano debe valer por lo que es, no por lo que tiene. En los últimos tiempos, se tiende a buscar el bienestar material, generando que “el espíritu se haga cada vez más pequeño” frente al mundo físico que lo rodea. Cambiar para recibir a JesúsMuchos ven la Navidad desde un punto de vista materialista olvidándose que lo trascendental de esta festividad es el nacimiento del Hijo de Dios, por lo que el Cardenal Cipriani exhortó a un cambio en nuestras vidas, específicamente en nuestro mundo mundo interior precisamente cuando empieza el Adviento. Debemos “cuidar más nuestro mundo interior, buscar un espacio en que la oración y la amistad con Dios nos permita vivir una vida plenamente humana . “¿Qué le pasa al mundo de hoy?”, se preguntó el Prelado; “se quiere matar la vida interior”, aseveró “La luz de Cristo ilumina la noche del pecado”Una vida sin fe sería un suplicio. En cambio la fe nos permite ver el mundo de manera positiva, con esperanza, cariño, perdón, alegría. Por eso es que con el Adviento la luz de Cristo ilumina la noche del pecado, se leen nuestras buenas obras y se glorifica a Nuestro Padre, Dios. “Para ver necesito tu luz Señor, necesito esa oración en mi vida interior, para ver lo invisible necesito la fe”, agregó el Cardenal Cipriani, invocando a los fieles, para finalizar, a recurrir a la Virgen María, Madre de Jesús y Madre nuestra, para que “ilumine nuestra esperanza”. |
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