Lima, 18 de octubre de 2005

 
   
 

Desde el Palacio Arzobispal de Lima se rinde homenaje a venerada imagen del Señor de los Milagros

Ante una gran multitud Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, Obispo Auxiliar de Lima, rindió sentido homenaje, desde el Palacio Arzobispal de Lima, a la venerada imagen del Señor de los Milagros durante su primer gran recorrido procesional del mes. Estuvo acompañado por los Obispos de nuestra Iglesia en Canadá y Suecia.

A continuación la trascripción del mensaje de Monseñor José Antonio Eguren Anselmi:

Queridos Hermanos:

Dicen algunos que octubre es un mes folclórico, otros que es un mes de costumbrismos, pero al verlos queridos hermanos congregados en torno al Señor de los Milagros, aquel que es nuestro amo y Señor, tenemos que decir que octubre, sobre todo, es expresión de la fe cristiana y católica de este pueblo de Lima y del Perú.

El verdadero milagro es esta devoción a Jesús crucificado que nos acompaña 354 años; pónganse a pensar eso. ¡Cuántas generaciones de limeños y peruanos han rezado frente al Señor y de Él han recibido gracia, bendición y amor!

Por eso, ¡qué hermoso es saber que somos, en cierto sentido, predilectos del Señor! Sí, predilectos hijos suyos porque ha querido en esta Lima quedarse con nosotros, manifestarnos su ternura, su amor, su amistad, su consuelo, su preocupación por nosotros. ¡Qué hermoso es saber que somos suyos! ¡Qué hermoso es saber que Él se preocupa por nosotros! ¡Qué hermoso es saber que en la alegría como en el dolor, contamos con Él!

Él es el amigo que nunca falla. Podrán los hombres defraudarnos, pero sabemos que Él nunca lo hará porque nos ha dado la prueba suprema del amor al dar su vida en la cruz en rescate por la nuestra. No hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo los amó hasta el extremo.

Qué hermoso es saber que a pesar de ser una gran multitud, Él nos conoce a cada uno de nosotros. El Señor de los Milagros es el Buen Pastor que conoce a cada una de sus ovejas y las llama por su nombre. Él nos conoce, sabe quiénes somos, sabe nuestros nombres, sabe qué hay en nuestros corazones. Por eso qué hermoso que en la procesión podamos nosotros abrirle nuestro corazón con sinceridad sabiendo que Él se interesa por nosotros, que para Él valemos muchísimo, hasta el más pequeño y humilde entre nosotros. Nadie queda excluido de su amor.

Yo los invito a que abran sus corazones en este momento al Señor, sea para pedirle, suplicarle, agradecerle o simplemente hablarle y confiarle sus cosas como lo hace un amigo con su mejor amigo. Él se interesa por ustedes. Vales mucho para Él porque por ti y por mí derramó hasta la última gota de su sangre en la cruz. Qué consuelo siente uno cuando uno se descubre amado por Él; que para Él, que es Dios hecho hombre (el Señor de los Milagros), valemos muchísimo.

Queridos hermanos, hagamos de este momento de la procesión una ocasión para que cada uno pueda abrirle su corazón al Señor. Él es Dios, por eso su amor es infinito; por eso puede escucharnos a todos; puede derramar sobre todos la gracia específica y particular que cada uno de nosotros puede necesitar, que el Perú puede necesitar también.

Hay dos pasajes de la Sagrada Escritura, uno del Antiguo Testamento y otro del Nuevo Testamento que hoy se cumplen y eso es lo hermoso de la palabra de Dios, que no pierde vigencia con los siglos, sino que mantiene su eterna frescura y juventud. Por eso es palabra divina, si fuera simplemente palabra humana hace tiempo hubiera sido olvidada.

“Mirarán al que traspasaron”. “Cuando yo sea elevado entre el cielo y la tierra atraeré a todos hacia mí”. Ambas se cumplen esta mañana y siempre en octubre cuando nuestros ojos llenos de fe y amor se posan sobre el crucificado: miramos al que traspasaron nuestros pecados y Él nos atrae hacia sí.

Sí, hoy miramos al que traspasaron nuestros pecados; y Él, con la fuerza de su amor desde lo alto de su trono que es la cruz, nos atrae hacia sí. Hermanos, lo que el Señor de los Milagros quiere es que también nosotros nos dejemos traspasar, pero no por clavos ni por lanzas, sino por su amor. Son nuestros pecados los que lo atravesaron en la Cruz, sin embargo Él, que siempre devuelve bien al mal, quiere atravesarnos, tocarnos, transformarnos con su amor. Quiere hacernos hombres nuevos en su amor.

Yo les pido hoy, que para que el milagro de Octubre sea completo nos dejemos traspasar, tocar por el poder de su amor. Eso nos va a exigir arrepentimiento de nuestros pecados, confesión sacramental, propósitos de enmienda, dejar atrás nuestra vida mala, reparar las injusticias, reconciliarnos con el hermano que hemos ofendidos, deponer sentimientos de venganza. Cuando uno se deja tocar por el amor del Señor, la vida se transforma y el corazón se llena de paz y de alegría.

¿No es esto acaso lo que necesitamos hoy en día en el Perú? Dejarnos tocar por la fuerza de su amor, convertirnos a Él, comprender de una vez por todas que el Perú grande, fraterno y reconciliado con el cual todos soñamos sólo será posible con Él, en Él y por Él.

¿Acaso no es una expresión de ello esta maravillosa procesión? Él es el motivo de nuestra reunión. Perú comprende eso, descubre tus raíces cristianas; este país ha sido forjado al calor de la Evangelización, su identidad es profundamente católica, los valores más hondos de nuestra identidad cultural son los de la fe. Solamente en nuestra fe cristiana y católica será posible reconstruir ese Perú que todos añoramos en donde la verdad y el amor reinen en nuestra vida.

Que el Señor de los Milagros nos traspase con su amor. Señor, acuérdate siempre del Perú que Tú elegiste para poner en él tu morada. No nos dejes, ayúdanos con tu gracia, que los peruanos seamos capaces contigo de construir la patria que todos anhelamos.

 

   
 

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