Lima, 06 de abril de 2006

 
   
 

Cardenal Cipriani destaca el ejemplo de santidad de Álvaro del Portillo

En el duodécimo aniversario del fallecimiento de Don Álvaro del Portillo, Obispo Prelado del Opus Dei, el Arzobispo de Lima y Primado de la Iglesia en el Perú presidió una Celebración Eucarística en la Parroquia Santísimo Nombre de Jesús. Allí invitó a los asistentes a seguir el ejemplo de quien fuera el primer sucesor de San Josemaría Escrivá.

“Todos los que hemos conocido a don Álvaro nos hemos llenado de ese impacto del resplandor del Amor de Dios que había en su vida porque su persona generaba paz, confianza, acogida cuando nos hacía vislumbrar la persona de Cristo y nos animaba a seguirla”, expresó el Purpurado.

Don Álvaro tuvo “una rica personalidad en la que brillaba una capacidad intelectual especialmente notoria”, dijo el Cardenal Juan Luis Cipriani quien expresó que el sucesor del Fundador del Opus Dei puso toda su capacidad al servicio de la obra de Dios, dando un testimonio de fidelidad a San Josemaría y a su mensaje con un trabajo pastoral incansable.

Don Álvaro sabía que la mejor manera de poder continuar el legado de San Josemaría era buscar el camino de la santidad, por lo que el Arzobispo de Lima señaló en el duodécimo aniversario de su muerte “no sólo hacemos un cariñoso recuerdo o una oración piadosa, sino que hacemos el propósito de querer ser santos”.

Monseñor Álvaro del Portillo, quien tuvo una activa participación durante el Concilio Vaticano II, fue uno de los ejemplos de santidad de los últimos tiempos, junto a Juan Pablo II o la Madre Teresa de Calcuta, por mencionar sólo algunos santos de nuestro tiempo.

“Lo que nos hace falta en el mundo actual son santos como Josemaría, como Álvaro del Portillo, como Juan Pablo II, como Teresa de Calcuta; nos hace falta hombres comunes y corrientes pero que se tomen en serio su llamado a la santidad. Entonces ya podemos vivir en un mundo oscuro, me da igual, pero la luz de los santos ilumina universidades, colegios, hogares, deporte, cultura, hospitales, niñez, juventud, entretenimiento porque para quienes se proponen seriamente seguir a Cristo hay luz y alegría”.

El Cardenal Cipriani le imploró a Don Álvaro que “haga de nosotros esos hombres y mujeres que seriamente quieren buscar la santidad. Tenemos que reconocer que son épocas oscuras en el mundo, son sombras que pretenden llenar de pesimismo a la humanidad. Por ningún motivo podemos dejar que ese amor de Dios se apague. Recordemos de las palabras de San Josemaría: “Estas crisis mundiales son crisis de santos”.

Don Álvaro del Portillo nació en 1914 y a la edad de 21 años se incorporó a la Prelatura del Opus Dei. “Evidentemente se trató de una llamada divina, porque nunca me había pasado por la cabeza, ni siquiera de lejos, aquélla idea (...); yo pensaba sólo que sería ingeniero y formaría una familia”, dijo en alguna oportunidad.


 

   
 

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