Lima, 12 de abril de 2006

 
   
 

Cardenal Juan Luis Cipriani celebró Misa Crismal de Miércoles Santo

El Cardenal Juan Luis Cipriani, Arzobispo de Lima y Primado de la Iglesia peruana, celebró hoy la Misa Crismal de Miércoles Santo en la Basílica Catedral, recordando que el ministerio sacerdotal tiene su origen y fundamento en la Cruz y la Resurrección de Cristo. Durante el oficio religioso, al que asistieron sacerdotes de toda la arquidiócesis, se consagraron también los Santos Oleos.

El Pastor de Lima, manifestó su alegría y agradecimiento a los sacerdotes por el florecimiento de capillas dedicadas a la adoración habitual al Santísimo en muchos templos de Arquidiócesis de Lima, que permite a los fieles acercarse a acompañar en silencio a Jesús Eucaristía.

Invitó también a los sacerdotes a cuidar la reverencia, el respeto, la urbanidad y la devoción ante la presencia real del Cuerpo y Sangre de Cristo, detalles que ayudan a alimentar nuestra fe con obras y a que los fieles “vean” que está Jesús Eucaristía con nosotros”

“En este Jubileo de Santo Toribio de Mogrovejo continuemos en este esfuerzo misionero que el Cuerpo de Cristo, a través de nuestro ministerio sacerdotal, quiere realizar en la Arquidiócesis”, agregó.

El Arzobispo de Lima señaló que en esta época actual, señalada por el Papa Benedicto XVI como la “dictadura del relativismo”, se debe educar bien la conciencia recta de los fieles. Y destacó “la presencia frecuente de los sacerdotes en el confesionario es importante para su vida personal y especialmente para toda la vida espiritual de los fieles”.

Invitó a los presbíteros a hacer de una verdadera catequesis el Sacramento de la Reconciliación para iluminar la conciencia con enseñanzas que provienen del Magisterio de la Iglesia, especialmente lo relacionado a la moral conyugal.

“La insensibilidad de la conciencia, crisis de nuestro tiempo es la que abre las puertas a la violencia y a la mentira que azotan al mundo entero. Por eso, en el Sacramento de los Reconciliación, brota el fortalecimiento del poder moral que toda persona debe cultivar”, agregó.

Señaló también que la moralidad, no el moralismo, asentada en la Doctrina, en el Catecismo, en el Magisterio, en el testimonio vivido y en la vida sacramental, es la única fuerza que puede poner frenos a la violencia y al egoísmo.

“Donde pierde su influencia la dimensión moral el perdedor es siempre el propio hombre, en primer lugar el más débil, por tanto la sociedad se fractura, se violenta, se vuelve injusta y egoísta. Por ello, debemos enseñar qua la Eucaristía es una escuela eficaz de amor al prójimo”, concluyó.

La Misa Crismal estuvo concelebrada por el Nuncio Apostólico Rino Passigato y los Obispos Auxiliares de la Arquidiócesis de Lima, Monseñor José Antonio Eguren, Monseñor Carlos García, y Monseñor Adriano Tomasi.

Antes de la comunión, el Arzobispo de Lima bendijo el óleo de los enfermos con una breve oración. Posteriormente, y una vez culminada la comunión, hizo lo propio con el óleo de los catecúmenos y consagró el Santo Crisma.

El Santo Crisma, es decir, el óleo perfumado que representa al mismo Espíritu Santo, nos es dado junto con sus carismas el día de nuestro bautizo y de nuestra confirmación y en la ordenación de los diáconos, sacerdotes y obispos

Mientras que con el óleo de los catecúmenos los bautizados se vigorizan, reciben la fuerza divina del Espíritu Santo, para que puedan renunciar al mal, antes de que renazcan de la fuente de la vida en el bautizo. Este aceite es un jugo untuoso de color verde amarillento que se extrae del olivo o de otras plantas.


   
 

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