Lima, 15 de enero de 2006

 
   
 

Cardenal Cipriani: “Escuchemos la voz del único Mesías: Jesucristo”

Con la presencia de miembros del Decanato III y IV de la Arquidiócesis de Lima, y de jóvenes postulantes al Seminario Santo Toribio, el Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne celebró Misa Dominical en la Basílica Catedral de Lima.

El Pastor de Lima afirmó durante su homilía que Dios nos llama en cualquier momento del día porque nos quiere prevenir, ayudar, corregir y acompañar. Y ante ese llamado es muy importante que le digamos: “Aquí estoy Señor para hacer tu voluntad”.

Señaló que cuando tenemos problemas y caemos en el pecado, Dios nos habla y busca con más dedicación porque es un padre que nos quiere. Démonos cuenta que siempre hay algo en nuestra vida que tenemos que descubrir y para ello debemos escuchar la voz de Dios. El encuentro que tenemos con el Señor todos los domingos a través de la Eucaristía, nos ayuda a aprender a escucharlo y a verlo.

Exhortó a todos los fieles a no dejarse engañar por alguien que se proclame como el Mesías porque ya existe uno: Jesucristo, el Salvador del mundo al que tenemos que escuchar porque Él es la sabiduría, la bondad y el amor.

Indicó que en el mundo de hoy es muy importante escuchar la Palabra de Dios aunque no sea nada fácil. “Escuchar es una ciencia que tiene un camino que es el silencio y la oración, tiene un ambiente como la fe y la humildad, y una condición como la obediencia. Si aprendemos todo estaremos felices porque teniendo a Dios como amigo es tener respuesta a todas las preguntas”.

Por otro lado, señaló que nosotros no somos dueños de nuestro cuerpo, sólo lo administramos porque nos ha sido dado por el amor de nuestros padres, y por tanto, venderlo sería prostituirlo.

“El cuerpo para los bautizados es el templo en donde habita ese Dios que me llama y me habla. Por eso hace falta una gran cruzada de toda la sociedad para recuperar el respeto por el cuerpo y no convertirlo en mercancía sólo para el placer”, agregó.

Al término de su homilía señaló que debemos tener el corazón limpio para escuchar a Dios que es amor, comprensión y perdón. Y el núcleo de esa pureza de corazón se debe formar en la familia. “No dejemos que leyes ataquen su estabilidad y su necesidad de educar bien a los hijos. Protejamos la vida porque es sagrada y a la familia porque es el núcleo de la sociedad”, exhortó.

 

   
 

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