Lima, 21 de enero de 2006

 
   
 

Pastor de Lima inauguró Congreso sobre Concilio Vaticano II

En el marco de la celebración por los 40 años de la Clausura del Concilio Vaticano II, se desarrolló este fin de semana el Congreso denominado: “El Concilio Vaticano II: Perspectivas para el III Milenio”, en el que se reunieron aproximadamente 500 personas para reflexionar en torno a este tema y que contó con la presencia del Arzobispo de Lima, Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne.

Participaron también el Obispo Emérito de Jundiaí (Brasil), Monseñor Amaury Castanho; el Arzobispo Emérito del Cusco, Monseñor Alcides Mendoza Castro; el Obispo Auxiliar de Lima, José Antonio Eguren, el Fundador y Superior General del Sodalicio de Vida Cristiana, Luis Fernando Figari, y sacerdotes, congregaciones religiosas, movimientos eclesiales y laicos.

El evento organizado por el Instituto Vida y Espiritualidad y el Centro de Estudios Católicos, tuvo como objetivo encontrar en las enseñanzas conciliares, luces que ayuden al cristiano a asumir los nuevos retos que se le presentan en el mundo de hoy y que le ayuden a contribuir con la misión evangelizadora de la Iglesia.

Durante el congreso, realizado en el Teatro Auditorio Antonio Raimondi de Santa Beatriz, el Pastor de Lima en sus palabras inaugurales manifestó que el Papa Juan Pablo II nos dejó una iglesia más valiente, más libre y joven. Una Iglesia que según sus enseñanzas y su ejemplo mira con serenidad el pasado y no tiene miedo al futuro.

Agregó que el recordado Santo Padre presentó al Concilio Vaticano II como brújula para orientarnos en el vasto océano del tercer milenio, estando convencido de que las nuevas generaciones podrán servirse durante mucho tiempo de las riquezas que ha ofrecido este Concilio del Siglo XX.

El Señor Cardenal felicitó a los obispos presentes por su fidelidad y lealtad al Concilio y por la aplicación del mismo. Y deseó también que existan muchos hombres y mujeres que busquen la santidad y el compromiso en la Iglesia de manera seria y fuerte.

Señaló que María es la protectora de este Concilio, y que está tan unida al gran misterio de la Iglesia que Ella y la Iglesia son inseparables. Por eso, María no sólo tiene una relación con Cristo también nos pertenece.

Sugirió a los presentes que se pregunten como es su devoción, su trato y su cercanía con María, porque no se puede ser un buen hijo de Dios si no se tiene un amor, no sólo teológico, sino tierno y frecuente con la Madre de Cristo. Y los invitó a cogerse de la mano de Maria para acercarse con seguridad a Jesús y a la Iglesia.

Indicó que el Concilio Vaticano II ha sido un don impresionante para la Iglesia, y una profecía porque ha lanzado al mundo entero ese llamado universal a la santidad, que lo hemos visto en Juan Pablo II, en esa multitud de beatos y santos que son como una señal visible de este fruto maduro.

Resaltó que el objetivo esencial de la Iglesia es la santidad, es decir, el cumplimiento de la voluntad de Dios. Por eso, la santidad es más que una cualidad moral, es la experiencia de nuestro encuentro personal con Cristo, es ese algo nuevo que en cada Eucaristía se crea y se renueva.

“Por lo tanto, cada encuentro con Dios es novedad, es centro y fuerza de nuestra vida. Es la única y real revolución que se produce al interior de nuestro corazón al momento de la Eucaristía”, concluyó.

Por otro lado su Santidad el Papa Benedicto XVI saludó cordialmente a los organizadores y participantes en el Congreso, esperando que los trabajos de ese encuentro ayuden a profundizar en el mensaje conciliar para que produzca frutos abundantes de renovación y de santidad en la Iglesia del Perú.

 

   
 

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