Lima, 25 de marzo de 2006

 
   
 

Monseñor Eguren: “Seamos testigos del amor de Dios defendiendo la vida”

En el Cuarto Domingo de Cuaresma, el Obispo Auxiliar de Lima, Monseñor José Antonio Eguren, invitó a todos a que seamos testigos y presencia viva del amor misericordioso de Dios, en concreto, con los niños por nacer, con los concebidos no nacidos, que deben merecer toda nuestra atención, preocupación, y defensa firme y fuerte. “Esa vida concebida desde el momento mismo de la concepción es sagrada e inviolable. Nadie puede arrogarse el derecho de tocarla, menos aun de matarla”, expresó.

“Hoy, ya no sólo en el mundo, sino con dolor tenemos que decir que en nuestra patria, hay maniobras que buscan bajo eufemismos, difundir y legalizar el aborto, así como suprimir la vida inocente, sagrada e inviolable desde su concepción a través de métodos anticonceptivos. Jesús es de nuevo crucificado en cada niño por nacer, al que se le niega el derecho a contemplar la luz del sol”, expresó el Obispo Auxiliar de Lima.
Señaló que en esta época electoral es bueno recordar que sólo un país que ame y defienda la vida desde la concepción hasta su fin natural, a través de sus ciudadanos, de sus profesionales, de sus políticos, y de sus instituciones, será un país grande.
La vida es sagrada

Manifestó que Benedicto XVI subraya que en cualquier fase o condición de vida del ser humano, resplandece un reflejo de la realidad de Dios. Por eso, el magisterio de la Iglesia ha proclamado constantemente el carácter sagrado e inviolable de cada vida humana, desde su concepción hasta su fin natural. “Este juicio moral vale ya en el inicio de la vida de un embrión, antes que se implante en el seno materno”.
“El gran reto que tenemos todos por delante es simple pero desafiante: “Amar la vida humana como Dios, la ama. Sin hacer distinciones en ninguna de sus fases o condiciones, porque en toda persona humana, en cualquier etapa o situación de su vida resplandece siempre un reflejo de la misma realidad de Dios”, agregó.

Seamos presencia vida del amor de Dios

Por otro lado, Monseñor Eguren dijo que en este tiempo de Cuaresma el centro de nuestra meditación tiene que ser la Cruz. Es la gloria del Crucificado la que cada cristiano está llamado a comprender, a vivir, y a testimoniar con su existencia.

Explicó que la fe cristiana no es una ideología sino un encuentro personal con Cristo. Es a partir de esa experiencia de encuentro, que es individual y la vez comunitaria, en que surge en nosotros un nuevo modo de pensar, de actuar, y se produce un cambio en nuestro corazón y en la conducta, un cambio integral en nuestra persona que es el que nos testimonian con el ejemplo de su vida los santos; en definitiva, un cambio del amor.

“El desafío que nos deja la Cuaresma, es una invitación para que comprendamos y acojamos el amor misericordioso en nuestras vidas, y así nos comprometamos a ser presencia viva, testigos vivos del amor de Dios en el mundo”, concluyó.

   
 

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