Lima, 01 de octubre de 2006

 
   
 

Carta a los sacerdotes de la Arquidiócesis de Lima

Queridos hermanos sacerdotes:

Me dirijo a ustedes muy queridos sacerdotes para acompañarlos en su generosa y sacrificada labor de pastores de almas y agradecerles por su colaboración en la misión que el Santo Padre me ha encomendado en Lima. Con ocasión del mes de Octubre los fieles de la Arquidiócesis de Lima reciben abundantes gracias de Dios a través de la devoción a la Venerada imagen del Señor de los Milagros. Es un don que verificamos desde hace más de tres siglos en esta Iglesia local.

Este tiempo fuerte de conversión se caracteriza por la afluencia de muchos miles de fieles que desean acercarse al sacramento de la Reconciliación en búsqueda del perdón y de la misericordia. “Me levantaré e iré a mi padre y le diré: Padre, he pecado, contra el cielo y contra ti; ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo” (Lc 15,18). ¡Cuántas almas recorren el camino del hijo pródigo, especialmente en este mes!

Este servicio – maravilloso deber – que la Iglesia nos pide para atender a todos los fieles en la Confesión personal, auricular y secreta – un derecho- nos obliga a determinar en nuestro horario un plan amplio en la atención del Confesionario. Este servicio en el que nos damos enteramente al otro, este dar lo que no viene de nosotros, se llama sacramento. Una realidad en la que doy lo que yo mismo no puedo dar; hago lo que no depende de mí; estoy en una misión y me he convertido en portador de lo que otro me ha trasmitido.

Queridos hermanos sacerdotes, con esta breve reflexión quiero invitarlos a vivir nuestra vocación de entrega total a Dios en su Iglesia, siendo “otros Cristos” que ponen su vida y su ministerio al servicio del perdón y de la misericordia que Dios derrama abundantísimamente a través de nuestras pobres vidas.

Nadie ha experimentado, como la Madre de Dios, María Santísima, el misterio de la cruz, “el pasmoso encuentro de la trascendente justicia divina con el amor: el beso dado por la misericordia a la justicia” (Dives in misericordia, 9). María, nuestra Madre, es la que conoce más a fondo el misterio de la misericordia divina. Sabe su precio y sabe cuán alto es. A Ella acudimos todos para que nos acompañe en esta tarea pastoral y nos alcance de su Hijo el perdón a cada uno de nosotros - ¡la confesión del propio sacerdote es vital para nuestra vida en Cristo ¡ - y la reconciliación de muchos fieles bajo la mirada de la Venerada imagen del Señor de los Milagros.

Con el afecto de vuestro Padre y Pastor les envío mi bendición.

Juan Luis Cardenal Cipriani
Arzobispo de Lima y Primado del Perú


Lima, 1º de octubre del 2006

   
 

Sala de Prensa
Plaza Mayor s/n. Lima. Tlf. 427-1217
prensa@arzobispadodelima.org

   
 

[Reseña histórica de la arquidiócesis]
[Peregrinación por las Iglesias de Lima][Advocaciones y santos peruanos]
[Mensajes del Santo Padre al Perú][Enlaces]