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Lima, 1 de abril de 2007 |
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Riva Agüero y la Católica Por Enrique Chirinos Soto José de la Riva Agüero y Osma fue, a la par que Francisco García Calderón Rey, el más brillante entre los clásicos de la generación del 95. Muy joven, para graduarse de bachiller en letras, presentó la tesis sobre “El carácter de la literatura del Perú independiente”. Más tarde estudió el proceso histórico del Perú, que le valió el aplauso de los contemporáneos y la adhesión de su discípulo máximo, Raúl Porras Barrenechea, y también la de Jorge Basadre, quien le dedicó un artículo necrológico en la revista Historia. Se interesó –a diferencia de González Prada– en el Perú profundo. A lomo de mula hizo el trayecto del Cusco a Lima pasando por Ayacucho y Huancayo. De ese viaje se recogen sus impresiones en “Paisajes peruanos”. No hay parangón, en nuestra literatura, con la prosa poética de éstos. Incursionó en política. En protesta a favor de los pierolistas que habían asaltado Palacio de Gobierno, organiza una gran manifestación política en demanda de amnistía. Atacado de escepticismo, sin resbalarse nunca, como él dijo, al materialismo ateo, por intercesión de la gracia divina y de sus “amadas difuntas”, su conversión al catolicismo coincide con la de Víctor Andrés Belaunde. A raíz del golpe de Estado de Leguía el 4 de julio de 1919, opta por exiliarse. En España reivindica el título de Marqués de Monte Alegre de Aulestia. Vuelve al Perú el día mismo en que Sánchez Cerro derroca al dictador del oncenio. Dicta lecciones sobre el imperio quechua en la Católica; y se aleja de San Marcos porque la turba estudiantil impide dar una conferencia a V. A. Belaunde. El general Óscar R. Benavides le confía el cargo de presidente del Consejo de Ministros que desempeña efímeramente. Sin empeñarse en una obra orgánica –como la de Basadre– ofrece conferencias y escribe artículos de tinte cada vez más reaccionario. Muere en 1944 en una habitación del Hotel Bolívar. La solariega casa de Lártiga por entonces se hallaba en proceso de restauración. En testamento, lega su inmensa fortuna a la Universidad Católica, con el propósito implícito pero obvio de que siguiera siendo católica. Es pontificia porque está bajo la suprema autoridad del Papa, y este la delega en el Arzobispo de Lima. Por los años del velascato, la izquierda se infiltra en la Católica con el auspicio del rector Mac Gregor y, en cierta medida del arzobispo Landázuri. Se han publicado unas llamadas obras completas que no están completas. En su casa veraniega de Chorrillos hay un retrato no de Riva Agüero sino increíblemente del dictador Velasco. A la fecha, hay conflicto entre el cardenal Cipriani, que defiende los fueros de la Iglesia, y la izquierda que acata a la Comisión de la Verdad. Cipriani está a favor de los fueros eclesiásticos, y el obispo retirado de Chimbote, Luis Bambarén, en contra. Lo cual indica claramente que Cipriani tiene la razón. Artículo de Enrique Chirinos Soto publicado en el diario Expreso el 01 de abril del 2007.
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