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Lima, 4 de abril de 2007 |
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La presencia del sacerdote en la Iglesia es vital El Cardenal Juan Luis Cipriani, celebró este 4 de abril la Misa Crismal, en la Basílica Catedral de Lima donde más de 300 sacerdotes entre religiosos y diocesanos, renovaron sus promesas sacerdotales del día de su ordenación, y se consagraron también los Santos Óleos para los enfermos y catecúmenos.
Comentó que no son tiempos de sueño, de tibieza o de un sacerdote funcional; e invitó a los sacerdotes que le pidan al Señor “la capacidad de asombrarse y que su corazón tiemble, como tembló en alguna ocasión al inicio de su ordenación”.
“El celibato sacerdotal vivido con madurez, alegría y dedicación es una gran bendición para la Iglesia y para la sociedad misma”, dijo. Indicó que el sacerdote enamorado de Cristo, con madurez afectiva, serenidad de ánimo, y vibración apasionada por el amor a la Iglesia y a las almas, es una maravilla.
Imploró a los sacerdotes fidelidad, amor a la Eucaristía, unidad, afán de santidad, y vivir ese misterio de la unidad del presbiterio con el Obispo. “Que el Señor haga esos milagros, el mundo de hoy nos espera con un hambre tremenda”. “Estoy seguro que seguiremos este camino del Papa Benedicto XVI que está impulsando la caridad y el amor auténtico; una línea muy profunda y bonita”, concluyó el Arzobispo de Lima. En la misa Crismal concelebraron junto al Cardenal Cipriani; el Obispo Auxiliar de Lima, Monseñor Adriano Tomasi; el Nuncio Apostólico en el Perú, Monseñor Rino Passigato; los obispos Mons. Revoredo; Mons. Alemany Grau; los integrantes del Cabildo Metropolitano de la Basílica Catedral así como superiores provinciales y otros sacerdotes de la Arquidiócesis.
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