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Lima, 4 de abril de 2007 |
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Riva Agüero y la Universidad Católica (*) Por José Agustín de la Puente Candamo, historiador El transcurso de los años convierte al hombre en una suerte de testigo; es mi caso. Pienso que debo ofrecer el testimonio de mi época de estudiante y de iniciación en la docencia, cuando traté con frecuencia y amistad al Padre Jorge Dintilhac y a José de la Riva Agüero y Osma. Con mis amigos y compañeros de estudios nos reuníamos con Riva Agüero en el Hotel Bolívar. En largas y vivísimas tertulias, en las cuales aprendimos a conocer mejor el Perú y a querer más su historia, reconocimos la fortaleza intelectual y moral de Riva Agüero, y la concordancia entre su pensamiento y su vida. Asimismo, advertimos la sincerísima fidelidad a sus principios intelectuales y religiosos, que inspiraron su decisión de entregar su fortuna a la Universidad Católica, para la formación cristiana de la juventud. Por todo ello, me preocupa que la voluntad testamentaria de Riva Agüero se cumpla. He revisado en estos días la tesis de Carlos Enrique Carpio Ramírez, presentada para optar el título de abogado en la Facultad de Derecho de la Universidad Católica, en 1994: "Aspectos jurídicos de las disposiciones testamentarias de Don José de la Riva Agüero y Osma". En sus conclusiones se demuestra inequívocamente que la voluntad del testador fue la de que se constituyera una Junta Administradora de todos sus bienes con carácter perpetuo, y se afirma también el dominio absoluto e indiscutible de la Universidad Católica sobre la masa de bienes que constituyó la herencia. Dado que las autoridades de la universidad plantean que la junta no tiene competencia sobre todos los bienes patrimoniales de la herencia, me resulta penoso manifestar que no comparto esa posición jurídica. Por tanto, me identifico con la posición planteada por el Arzobispado de Lima. Lamentablemente, el debate en la opinión pública no se ha ceñido al tema de este litigio (la voluntad testamentaria de Riva Agüero), sino que ha derivado hacia la discusión sobre el carácter pontificio y católico de la universidad. No voy a entrar en esa discusión, porque considero que está desviando a la opinión pública de lo que es el punto central de este debate. Mi vida --con gozos y aflicciones-- ha estado permanentemente ligada a la Universidad Católica. Desde mi infancia el padre Jorge Dintilhac era una figura familiar en mi casa, por su amistad con mis padres. Hace pocos días asistí con satisfacción al acto de homenaje que la universidad le rindió. Habiendo sido testigo de casi toda la historia de la universidad, me resulta inconcebible el escándalo en el que estamos envueltos, y sobre todo el que se haya recurrido al camino judicial. ¿No pueden ambas partes sentarse en torno a una mesa y conversar? Es evidente que dentro de la Iglesia existen corrientes y tendencias muy variadas. Es evidente también que hay estilos humanos que confrontan y otros que buscan la conciliación. Es evidente también que se han desarrollado descomunales prejuicios contra el actual arzobispo de Lima. Pero también debe ser evidente que los católicos tenemos unas convicciones esenciales comunes, que son las que deben presidir nuestra vida personal y nuestra convivencia. El padre Jorge fundó la Universidad Católica para servir a la Iglesia. No tiene sentido en un orden lógico que la universidad inicie un proceso judicial contra esa misma Iglesia. Se trata de un pleito de familia que no debe continuar. Desde mi íntima vinculación con la Universidad Católica, y desde mi condición de viejo profesor, invoco a la serenidad y al diálogo. (*) Artículo de José Agustín de la Puente Candamo, Historiador publicado en El Comercio el miércoles 4 de abril de 2007. Pág. A5 [Ver más notas de Prensa sobre el Legado Riva Agüero]
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