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Lima, 5 de abril de 2007 |
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Hominem colere cupio Por Julio Favre (*) La Iglesia católica ha ido perdiendo posiciones y liderazgo, no sólo frente a sus fieles sino frente a otras religiones como las evangélicas, cuyos pastores son guías espirituales y también líderes sociales. Los pastores católicos más bien sostuvieron discrepancias filosóficas que se hicieron públicas y que confundían a la feligresía. También algunos pastores católicos interpretaron el “amor a los pobres”, como el “odio a los ricos”, y muchos se acercaron a la Teología de la Liberación del padre Gutiérrez, especie de filosofía marxista que utiliza la figura de Cristo en su contrabando ideológico. Juan Pablo II inició un cambio en la dirección de la Iglesia y el poderoso grupo de Gutiérrez fue perdiendo importancia en Roma. El actual pontífice Benedicto XVI ha asumido una posición más firme: ha exhortado a los príncipes de la Iglesia a iniciar una contraofensiva ideológica para recuperar los valores de las enseñanzas de Cristo. Y así como la moral no es relativa como algunos nos quieren hacer creer, la posición de la Iglesia católica tiene que ser definida. Una cosa es aceptar civilizadamente a los marxistas y otra cosa es promover que se divulgue esa filosofía en los claustros de una Universidad que es Católica y que depende de la propia Iglesia de Roma. Paradójicamente, no existe en la PUC una presencia y una posición cristiana frente a los problemas sociales. La libertad de la enseñanza tampoco puede ser “irrestricta”, pues entonces se podría llegar al extremo que en las universidades se enseñe por ejemplo subversión y terrorismo, tal como lo planteaba Sendero Luminoso en los años 80. La Iglesia católica tiene la responsabilidad de mantener el legado del benefactor Riva Agüero para que este centro de estudios sea fuente del conocimiento y la cultura cristiana. Su Eminencia, el cardenal Juan Luis Cipriani, no quiere ceder como sus antecesores en la posición de la Iglesia sobre el propio fin de la Pontificia Universidad Católica, que además ha perdido liderazgo en Ingeniería y Administración. La verdad, como dice Fernán Altuve, es que existen dos conflictos: Uno administrativo sobre la voluntad testamentaria de Riva Agüero de tener una Junta de Administración a perpetuidad, que se quiere desconocer, y la otra en el plano Canónico, es decir, la Pontificia Universidad Católica está obligada a adecuarse a las Constituciones Apostólicas de Derecho Canónico, o deja de ser Pontificia y tampoco podría llamarse “Católica”. (*) Artículo de Julio Favre, ex presidente de CONFIEP y columnista del diario “Correo”, publicado el 05 de abril del 2007. [Ver más notas de Prensa sobre el Legado Riva Agüero]
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