Lima, 16 de abril de 2007

 
   
 

Una Iglesia que no se confiesa no es católica

El último sábado 14 de abril, el Cardenal Juan Luis Cipriani celebró la Santa Misa por los 500 años del ingreso a la Casa Celestial de San Francisco de Paula, en la parroquia del mismo nombre, en el distrito del Rímac.

El Arzobispo de Lima señaló que la resurrección de Cristo es el centro de la predicación y del testimonio cristiano desde el inicio y hasta el fin de los tiempos.

Indicó que la paz de Cristo Resucitado debe habitar en nuestros corazones, porque el estar lejos de Dios nos hace disminuir la fe, y nos lleva a creer a medias.

“Hoy en día hay muchos incrédulos e hipócritas, que dicen seguir a Cristo pero no se identifican con Él, más bien se encuentran en diálogo con el pecado, no rezan y no ayudan a los demás”, expresó.

Afirmó que una Iglesia que no se confiesa no es católica. “La gente que no se confiesa cómo va a estar en la Iglesia de Jesucristo y cómo va a resucitar. Si existe ese milagro de la resurrección, del perdón de los pecados y del Cuerpo de Cristo en la Eucaristía, qué pasa entonces con la gente que no cambia”.

“Con Cristo entramos a la única resurrección, y lo conseguimos teniendo intimidad con Jesús, confesándome, recibiéndolo dignamente, y hablándole de mi vida en la oración”, añadió.

Al concluir, manifestó que la Iglesia es Sacramento de Salvación, por tanto, tenemos que anunciar de modo alegre, optimista y claro el mensaje de nuestra fe.

Concelebraron con el Cardenal Cipriani, Monseñor Alberto Maraví, Vicario Episcopal; el Padre Edgar Flores Caldas, Párroco de San Francisco de Paula; el Padre Miguel Gonzáles, Párroco de San Francisco Solano, y el Padre Raúl Chau.

Breve biografía de San Francisco de Paula

Francisco nació en Paula, región de Calabria (Italia) en el año 1416, y es uno de los más jóvenes fundadores de órdenes religiosas que recuerda la historia. A los trece años vistió el hábito franciscano, pero dos años más tarde desapareció.

Después de algunos años, lo descubrió un cazador en un refugio en las ásperas montañas cerca de Cosenza. La fama de su santidad y de sus milagros atrajo a un buen número de jóvenes deseosos de seguir su ejemplo, con los cuales fundó la Orden de los Mínimos o Ermitaños de San Francisco de Asís.

Los invitó a la penitencia, reduciendo su alimentación durante los 365 días del año a pan, pescado, agua y verduras. Pero las duras penitencias no acortaron su vida, pues vivió hasta la edad de 91 años. Murió un Viernes Santo, el 2 de abril de 1507, mientras se encontraba en Francia, en Plessis-les-Tours.

Fue canonizado en 1519, a los doce años de su muerte, y aún hoy se le propone no sólo como modelo de penitencia, sino también -como dijo Pablo VI el 27 de mayo de 1977- como modelo de valentía para denunciar “las malversaciones de los poderosos”.

   
 

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