Lima, 18 de abril de 2007

 
   
 

La razón al servicio de la verdad

Juan Luis Cipriani Thorne (*)

En el solemne inicio del Ministerio Petrino, el santo padre Benedicto XVI decía al mundo católico: “Mi verdadero programa de gobierno es no hacer mi voluntad, no seguir mis propias ideas, sino ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y la voluntad del señor y dejarme conducir por él, de tal modo que él mismo sea quien conduzca a la Iglesia en esta hora de nuestra historia”.

Estas sencillas palabras reflejan la profunda fe y humildad del Papa. Una lección para aprenderla todos. En una época en que la autosuficiencia hace presa fácil del mundo, llevándolo por caminos oscuros, desafiando a su creador, estas palabras de Benedicto XVI nos invitan a conocer a Dios de otra manera, a cambiar, tal vez, nuestras ideas sobre Jesucristo. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva, nos enseña el santo padre en su primera encíclica. Jesucristo es para él, el amigo, el confidente, el salvador.

Al prevalecer la cultura occidental en el desarrollo tecnológico y económico del mundo, el Papa hace un especial esfuerzo de evangelización dirigido a Europa y América. La cultura en estas latitudes, nos dice, sitúa la ética dentro de los confines del relativismo y el utilitarismo, excluyendo cualquier principio moral que sea válido y vinculante por sí mismo. Así Dios queda excluido de la cultura y de la vida pública y la fe en él resulta más difícil. En pocas palabras, al abandonar la verdad sobre la naturaleza de las personas, del matrimonio y la familia, se cae en la tentación de “reinventar” la realidad prescindiendo de la ley natural. Por ello, al no estar sustentada la realidad en el ser, esta cultura está marcada por una profunda carencia y destinada a morir arrastrando a buena parte de la humanidad en sus desvaríos finales.

El santo padre, en cambio, nos presenta de manera positiva, bella y creativa la propuesta del “sí” de Cristo. Su preparación teológica, su paso por las universidades y su servicio a la Iglesia en la promoción de la doctrina de la fe, unidas a esa larga y profunda experiencia de la amistad con el siervo de Dios Juan Pablo II, nos permiten decir que estamos frente a una de las personas más lúcidas, amantes de la verdad y dialogantes del mundo contemporáneo. La razón al servicio de la verdad hace del santo padre un auténtico garante de la libertad. Se comenta en la ciudad de Roma que a Juan Pablo II venían a la plaza de San Pedro a “verlo” y que a Benedicto XVI vienen a “oírlo”. La sabiduría romana que ha visto pasar a muchos papas ha hecho un buen resumen.

En estos dos años de su pontificado, el Papa de la Eucaristía y de la liturgia, de la paz y del sufrimiento, el Papa de la familia y de la unidad entre los cristianos, nos pide una y otra vez que lo acompañemos con nuestras oraciones y con nuestra fidelidad a las enseñanzas de la Iglesia. Nos pide a todos “dar respuestas positivas y convincentes a las expectativas nuestra gente”.

En el corazón de nuestra madre Santa María depositamos nuestro agradecimiento a Dios por la entrega general del santo padre Benedicto XVI y le pedimos que lo colme de sus dones y lo guíe siempre en su larga vida que llega ahora a los 80 años. ¡Ad multos annos santo padre!.

(*) Artículo publicado en el diario “El Comercio” el miércoles 18 de abril de 2007

   
 

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