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Lima, 22 de abril de 2007 |
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La violencia nunca es camino para nada Al recordarse los diez años del Rescate de los Rehenes en la residencia del Embajador Japonés, este domingo 22 de abril, el Cardenal Juan Luis Cipriani rindió un homenaje, su agradecimiento y su oración a todos los que formaron parte de ese episodio de nuestra historia.
“Arriesgando sus vidas, todos ellos sufriendo por la lejanía de sus esposas, hijos y padres, con entereza y hombría vieron sujetar sus sentimientos, supieron vivir entre ellos una solidaridad muy grande, y estar a la altura de un heroísmo que en ese momento sin quererlo era necesario vivirlo”, expresó. También reconoció la labor de las Fuerzas Armadas y Policiales que cumplieron su deber, protegiendo a toda la ciudadanía en una situación de este estilo.
Recordó el dolor de tanta gente que perdió a sus seres queridos, equivocados o no, y de muchas familias que no sabían qué pasaba con sus seres queridos. Señaló que todo ese cúmulo nos tiene que llenar a todos los peruanos un recuerdo agradecido y orgulloso.
“Hubiera querido ver ahí aquellos valientes, que tienen la pluma y la lengua larga, en el trance en donde la muerte y el dolor era día a día”, dijo. El Pastor de Lima señaló que este episodio de nuestra historia nos deja una gran conclusión: “la violencia nunca es camino para nada”. “Vivamos la obediencia de la fe” Por otro lado, el Cardenal Cipriani manifestó que debemos vivir la obediencia de la fe, y para obedecer a Dios hace falta que sepamos qué es lo que el Señor quiere de nosotros. “Todos tenemos una conciencia que tiene que estar bien formada, y esto lo conseguimos en una relación íntima con Jesús en la Eucaristía, en la confesión y en la oración diaria”, agregó. Manifestó que la Iglesia necesita muchas vocaciones de entrega total, y para ello no debemos esperar para obedecer al Señor, para decir la Palabra en su nombre, para dar ejemplo, para no tener temor e invitar a la juventud a ese encuentro con Dios. Al concluir el Cardenal Cipriani señaló que como católicos debemos hacer misiones, es decir, salir a anunciar con nuestra vida alegre, ejemplar y llena de paz, Jesús ha resucitado.
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