Lima, 18 de diciembre de 2007

 
   
 

“La evangelización no es proselitismo ni relativismo”

Ante la “creciente confusión” sobre el término evangelización, la Santa Sede ha publicado el último viernes 14 un documento en el que aclara que no significa ni “proselitismo” ni “relativismo”.

“Toda persona tiene derecho a escuchar la buena nueva de Dios que se revela y se entrega en Cristo para que viva en plenitud su propia vocación. A este derecho le corresponde el deber de evangelizar”, explica.

Se trata de la “Nota Doctrinal acerca de algunos aspectos de la Evangelización”, redactada por la Congregación para la Doctrina de la Fe, resultado de un trabajo de años, que había comenzado el anterior prefecto de ese organismo vaticano, el cardenal Joseph Ratzinger.

Algunos, explica el texto, consideran que no hay que promover la conversión a Cristo, pues es posible salvarse sin un conocimiento explícito de Jesús y sin una incorporación formal a la Iglesia.

Estas convicciones toman más fuerza en un ambiente de relativismo, que niega la capacidad humana para conocer la verdad.

El documento propone la enseñanza y el diálogo, en respeto de la plena libertad de toda persona, para anunciar el amor de Cristo.

Al mismo tiempo, aclara, no es evangelización cristiana la actitud al diálogo que comporte la coerción o la instigación, que no respeta la dignidad y la libertad religiosa.

“La incorporación de nuevos miembros a la Iglesia no es la expansión de un grupo de poder, sino la entrada en la red de amistad con Cristo, que une el cielo y la tierra, continentes y épocas diferentes”, aclara.

La Iglesia, según la fe católica, es “instrumento de la presencia de Dios y, por este motivo, instrumento de una auténtica humanización del hombre y del mundo”.

El documento cita la constitución del Concilio Vaticano II Gaudium et Spes para afirmar que el respeto de la libertad religiosa y su promoción “no deben hacernos indiferentes por ningún motivo ante la verdad y el bien. Es más, el mismo amor lleva a los discípulos de Cristo a anunciar a todos los hombres la verdad que salva”.

Y “para que la luz de la verdad sea irradiada a todos los hombres se necesita ante todo el testimonio de la santidad. Si la palabra es desmentida por la conducta, difícilmente es acogida”.

Pero al mismo tiempo, añade recordando el pensamiento de Pablo VI, “incluso el testimonio más hermoso será a largo plazo impotente si no es iluminado, justificado y explicitado por un anuncio claro e inequívoco del Señor Jesús”.

Evangelización y ecumenismo no están en oposición, añade el documento. Más bien sucede lo contrario. Las divisiones de los cristianos pueden comprometer seriamente la credibilidad de la misión evangelizadora de la Iglesia. Si el ecumenismo logra realizar una mayor unidad entre los cristianos, la evangelización también resultará más eficaz.

Por eso, en los países en los que viven los cristianos no católicos, indica la nota, los católicos deben mostrar “un auténtico respeto por su tradición y por sus riquezas espirituales” y “un sincero espíritu de cooperación”.

El documento concluye con un mensaje central del pontificado de Benedicto XVI: “El anuncio y el testimonio del Evangelio son el primer servicio que los cristianos pueden ofrecer a toda persona y a todo el género humano”.

   
 

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