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Lima, 22 de marzo de 2007 |
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Avemarías ajenas Por Luis García Miró Elguera (*) No es cuestión de amistad, tampoco es preferencia religiosa ni mucho menos interés de alguna naturaleza. Es eminentemente un asunto de justicia y verdad. La posición de EXPRESO contra la ilegítima pretensión de la Pontificia Universidad Católica del Perú PUCP de usufructuar –en forma unilateral– el inmenso patrimonio que le legó José de la Riva Agüero y Osma, se basa en que este centro de estudios sencillamente ha violentado una condición sine qua non del filántropo que aparece en su legado. Riva Agüero donó sus bienes a la universidad pero su voluntad –expresada en el Testamento que dejó– fue mantener a una Junta de Administración de sus bienes, incluidas las propiedades donadas a la PUCP, otorgándole a la Junta el carácter de perpetua. Es decir, la donación a la Católica fue hecha por Riva Agüero bajo un explícito condicionamiento que no puede ser desconocido, interpretado o modificado ni siquiera por orden judicial. Fue decisión del propio mecenas y así quedará de por vida. De otro lado, además de la obligatoriedad de reconocer la autoridad de aquella Junta de Administración, la Universidad Católica está en deuda ante el propio Vaticano. Veamos por qué. El de abril de 2001 la Congregación para la Educación Católica acordó un conjunto de obligaciones que sistemáticamente incumple la PUCP. Entre ellas: –La Pontificia Universidad Católica del Perú ha sido erigida canónicamente por S.S. Pío VII el 30 setiembre de 1942 y goza de personalidad jurídica. Por tanto, a la Universidad le es aplicable la legislación canónica. Está constituida, además, como asociación civil. Sin fines de lucro, al servicio de la comunidad –Prestar cuidadosa atención para mantener y fortalecer el carácter católico de la Universidad, ejerciendo para ello las funciones de las normas de este Estatuto le confieren. –Un artículo debe establecer que el texto de los Estatutos de la Pontificia Universidad Católica del Perú y sus modificaciones requieren de la aprobación de la Congregación para la Educación Católica. En conclusión, 1) la PUCP recibió una multimillonaria herencia de José de la Riva Agüero condicionada a que su administración esté a cargo –perpetuo– de una Junta, no obstante la universidad rechaza la presencia de esa Junta: y 2) la PUCP se benefició con una serie de canonjías de la Iglesia por el hecho de ser “Pontificia y Católica”, y sin embargo desacata las obligaciones que le impone el Vaticano. Exquisita manera caviar de ganar indulgencias con avemarías ajenas. (*) Columna del Director de Expreso “El Mundo al revés”. 22 de marzo de 2007. Pág. 04
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de Prensa |
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| [Reseña histórica de
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