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Lima, 25 de marzo de 2007 |
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90 años Editorial En la polémica entre el Arzobispado de Lima y la Universidad Católica del Perú (UC) no faltan los cantos de sirena que acusan injustamente a un sector de la Iglesia de “pretender intervenir” en la administración de los bienes de este centro de estudios, así como de “interferir en la autonomía universitaria”. En un espinoso caso como este, que incluso está en manos del Poder Judicial, es cuando se debe tener la mayor responsabilidad a la hora de buscar la verdad de fondo y el fondo de la verdad. En principio cabe señalar que el prestigio de la UC no se construyó en los últimos doce años, es decir en el período donde la izquierda rosa y el ex rector Salomón Lerner Febres articularon la toma de cargos estratégicos en las facultades más caracterizadas de esta universidad por manos de confesos profesores caviares, muchos de los cuales son dueños de ONG politizadas y otro tanto sus representantes. La historia constata que durante el velascato aparecieron en la UC izquierdistas de todos los pelajes, desde los más extremistas hasta los zurdos de salón, varios de los cuales hoy están al frente de la administración o en los podios docentes de esta universidad. Pero a mediados de los noventa, cuando los izquierdistas se dan cuentan que no pueden mantenerse por más tiempo en sus atomizados partidos políticos, optan por dirigirse en masa a fundar asociaciones civiles o a fortalecer las ONG ya existentes, utilizando a la UC como trampolín y como soporte financiero. Ahora la UC está ad portas de su 90 aniversario, pero nadie podrá negar que su prestigio fue construido –con solidez– en sus primeros sesenta años de existencia y además este fue el tiempo en el cual existió una sincera relación del claustro universitario con los conceptos “pontificia” y “católica”. Este contenido ahora se viene deteriorando, aunque algunos sin reparos quieren usufructuar ese prestigio ganado, menospreciando al Arzobispo de Lima, Juan Luis Cipriani, quien es a la vez el Gran Canciller de esta universidad y, como tal, representante de la Santa Sede ante la UC. Es inaceptable este maltratado que una elite ideologizada aplica contra el máximo representante de la Iglesia Católica en el Perú. En conclusión, no se trata –como alegremente afirman algunos voceros mediáticos– que un sector conservador de la Iglesia busca capturar la universidad con el fin de decidir sobre cursos, profesores o investigaciones académicas. El tema es más sencillo: Salomón Lerner y Carlos Valderrama, el 13 de julio de 1994, interpretaron unilateralmente la voluntad testamentaria de José de la Riva Agüero. Entonces, de lo que se trata es de corregir este exceso y el Arzobispado tiene todos los derechos para hacerlo pues en 1942 esta universidad adquirió el título de Pontificia y en 1990 el Papa Juan Pablo II redactó la Ex Corde Ecclesiae, documento ley para todas las universidades católicas del mundo pero que hasta la fecha la UC no lo cumple, a pesar de que la Santa Sede en 1999 y en el 2001 insistió sobre este asunto ante las autoridades universitarias. Domingo 25 de marzo del 2007. Editorial del Diario Expreso.
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