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Lima, 23 de abril de 2007 |
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Brasil, gran país que custodia valores cristianos La reciente visita apostólica a Brasil fue el argumento tratado por Benedicto XVI en la audiencia general de este miércoles 23 de mayo, celebrada en la Plaza de San Pedro y a la que asistieron más de 25.000 personas.
El Santo Padre recordó que "la relación entre fe y cultura" había sido siempre muy importante para sus predecesores, Pablo VI y Juan Pablo II, y afirmó que había querido seguir su ejemplo "confirmando a la Iglesia que está en América Latina y el Caribe en el camino de una fe que se ha hecho y se hace historia vivida, piedad popular, arte, en diálogo con las ricas tradiciones precolombinas además de con las múltiples influencias europeas y de otros continentes".
Retomando el hilo de su viaje a Brasil, Benedicto XVI observó que era "un gran país que custodia valores cristianos profundamente enraizados, pero vive también enormes problemas sociales y económicos" y "para contribuir a su solución la Iglesia debe movilizar todas las fuerzas espirituales y morales de su comunidad, buscando convergencias oportunas con las energías sanas del país". Otro momento importante de la visita a Brasil fue la canonización de Fray Antonio de Santa Ana Galvao, "hombre de paz y caridad (...) cuyo testimonio confirma ulteriormente que la santidad es la verdadera revolución que puede promover la reforma auténtica de la Iglesia y de la sociedad" Refiriéndose a su encuentro en la catedral de Sao Paulo con los prelados de Brasil, "la conferencia episcopal más numerosa del mundo", Benedicto XVI recordó que les alentó a "proseguir y reforzar el compromiso de la nueva evangelización, exhortándoles a difundir, de forma capilar y metódica, la Palabra de Dios para que la religiosidad innata y extendida de la población se haga más profunda y se transforme en fe madura y en adhesión personal y comunitaria al Dios de Jesucristo". "Conozco la dedicación de estos fieles servidores del Evangelio, que lo quieren presentar sin reducción ni confusión, custodiando el depósito de la fe con discernimiento y también su preocupación constante por promover el desarrollo social, principalmente mediante la formación de laicos, llamados a asumir responsabilidades en el campo de la política y la economía". Después el Papa habló de su encuentro con los jóvenes, a quienes alentó a "hacer fructífera la gran riqueza de la juventud, para ser el rostro joven de la Iglesia". Por último, rememoró el momento culminante de su visita, la inauguración de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe en el santuario de Nuestra Señora Aparecida, dedicada al tema "Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él tengan vida. -Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida". "La palabra discípulos -dijo- recuerda la dimensión de la formación y el seguimiento; el término misionero expresa el fruto del discipulado, es decir el testimonio y la comunicación de la experiencia vivida, de la verdad conocida y asimilada. (...) Renovar con alegría la voluntad de ser discípulos de Jesús (...) es la condición fundamental para ser misioneros "recomenzando desde Cristo", según el lema del Papa Juan Pablo II a toda la Iglesia tras el Jubileo del 2000". "Con mi viaje apostólico-concluyó el Santo Padre- he querido exhortar a proseguir por este camino, ofreciendo como perspectiva de unificación la de la encíclica "Deus caritas est", una perspectiva inseparablemente teológica y social que se resume en esta expresión: "es el amor quien da la vida". Antes de la audiencia, el Papa bendijo en el ábside exterior de la basílica de San Pedro, la estatua de San José Manyanet (1833-1901), el sacerdote español que promovió la construcción del templo de la Sagrada Familia de Barcelona y fundó los "Hijos de la Sagrada Familia y las Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret" para fomentar la educación cristiana de niños y jóvenes. Vatican Information Service |
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