Lima, 30 de mayo de 2007

 
   
 

“Creo que hay una siembra muy grande de esperanza necesaria”

“La misión de los discípulos misioneros”, es uno de los grandes argumentos que aborda el Documento final de la V Conferencia General. En la Comisión que se encarga de su desarrollo existen tres subcomisiones, y como moderador de una de ellas, se encuentra el Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne, Arzobispo de Lima. En el siguiente diálogo, ofrecemos algunas pistas del trabajo desarrollado en este apartado, así como una breve apreciación del Purpurado, sobre el desarrollo de esta Asamblea continental.

¿Que temas son los que se han revisado en la comisión en la usted está trabajando?

 Mi comisión, es la 6.1 (que abordó, la vida nueva en Cristo, una gran misión continental). Vimos el misionero que vive la vida en Cristo. Fue un enfoque más cristológico, es decir, la centralidad de Cristo en el misionero, y desde esa centralidad en Cristo, nos tocó ver también algunos aspectos de la “gran misión”. También nos centramos en la acogida, que tenemos todos de emprender esta “gran misión”, centrada en la persona de Cristo, para lo cual vimos que era muy necesario que todos vivamos ese espíritu del Evangelio, ir por todo el mundo a predicar el Evangelio. Entonces, hicimos hincapié, de no formular tantas estructuras sino fundamentalmente emprenderlo desde cada grupo, cada familia, cada comunidad, cada parroquia, todos. Con enorme esperanza. Es decir sembrar esperanza.

¿De que otros aspectos debería estar impregnada esta gran misión en una sociedad como la nuestra?

Creo que lo que va saliendo muy claro, en muchos ambientes, es que desde Cristo, es decir, el encuentro, con la experiencia de Cristo que viene a tu encuentro, de Cristo que te habla. Te habla en la meditación de la Palabra , te habla de manera más inmediata en la presencia real en la Eucaristía , te habla en ese sacramento del Perdón, de la Confesión. Te habla y fortalece a través del Espíritu Santo, de manera especial, en la Confirmación. Es decir, el itinerario del misionero tiene que llevar a anunciar, en ese anuncio, gran fuerza tiene el testimonio, y como un instrumento el Catecismo, el anuncio.

Después de ese anuncio viene la acogida, buscar el encuentro en Bautizo, Confirmación, Confesión; y privilegiando algunos espacios como es el campo de la educación escolar, universitaria, el campo de los medios de comunicación, y privilegiando de manera muy especial la familia, que está tan golpeada. Este es en síntesis el esquema que hemos visto, vamos a ver como sale.

Ampliando la visión del trabajo ¿Qué objetivo tiene la elaboración del “Documento Final” de Aparecida?

Pienso que el título del documento explica bastante (Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida). Se trata de fortalecer lo que es la figura de un “discípulo” ¿qué quiere decir ser un discípulo de Cristo?, de Cristo el maestro, ¿qué quiere decir esta identidad del discípulo?, ¿qué quiere decir que se discípulo tiene un mandato misionero “id, vayan”?, y ¿qué quiere decir que le devolvamos a este mundo esa vida en Él? Por tanto, ayudar a la gente a que mire con otros ojos, para que podamos desde el interior realizar, digamos, esa conversión del mundo, no de afuera adentro sino de adentro hacia afuera. Creo que el tema tiene una fuerza muy grande pero todas pasan por la conversión personal, yo diría a la santidad, y claramente hacer ver como decía el Papa Juan Pablo II y ahora Benedicto XVI, la santidad no es privada, cerrada, no. La santidad tiene inmediatamente una dimensión social, comunitaria, familiar, sino que cuando uno no está enamorado, no trasmite ese amor, pero si hay un verdadero enamorarse si brota esa dimensión misionera. En sí, más que hacer cosas especiales, creo que es ese nuevo ardor que quería Juan Pablo II.

Por último, Usted participó también en la Conferencia General de Santo Domingo en el '92. ¿Cómo ha contrastado la experiencia de esta Asamblea con la anterior?

Veo que el cambio que se ha dado en el mundo de hoy, de Santo Domingo aquí, es muy grande. Un cambio en las costumbres, en las comunicaciones, un cambio en la cultura en la que vivimos, un cambio en el marco social y político. Ha habido un enorme cambio, en gran parte motivado por la comunicación tan rápida, y en otra parte, por esa secularización tan rápida de dejar un poco a Dios fuera. Entonces, creo que el contraste de esta Conferencia es ante ese planteamiento, hay como un llamado muy fuerte a devolverle al mundo su dignidad humana y cristiana, a anunciar otra vez que si hay futuro, y si hay esperanza. Creo que hay una siembra muy grande de esperanza necesaria.

Conferencia Episcopal Peruana (CEP)

   
 

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