Lima, 31 de mayo de 2007

 
   
 

La V Conferencia convocó a una Gran Misión Continental

Los obispos latinoamericanos lanzaron una Gran Misión Continental, que será permanente y profunda para llegar a todos, y tendrá como objetivo “buscar a los católicos alejados y de los que poco o nada conocen a Jesucristo, para que formemos con alegría la comunidad de amor de nuestro Padre Dios”.

“Queremos abrazar a todo el continente para transmitirles el amor de Dios y el nuestro”, subrayaron en el Mensaje Final a los Pueblos que efectuó la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, al término de sus deliberaciones en el Santuario mariano brasileño de Aparecida.

Tras recordar, parafraseando el lema de la cumbre continental, que “todos en la Iglesia estamos llamados a ser discípulos y misioneros”, consideraron que “es necesario formarnos y formar a todo el Pueblo de Dios para cumplir con responsabilidad y audacia esta tarea”.

“Nos proponemos reforzar nuestra presencia y cercanía. Por eso, en nuestro servicio pastoral, invitamos a dedicarle más tiempo a cada persona, escucharla, estar a su lado en sus acontecimientos importantes y ayudar a buscar con ella las respuestas a sus necesidades. Hagamos que todos, al ser valorados, puedan sentirse en la Iglesia como en su propia casa”, subrayaron.

Asimismo, alentaron a ser “misioneros del Evangelio no sólo con la palabra sino sobre todo con nuestra propia vida, entregándola en el servicio, inclusive hasta el martirio” y llamaron a insertarse en la sociedad para hacer “visible nuestro amor y solidaridad fraterna y promovamos el diálogo con los diferentes actores sociales y religiosos. En una sociedad cada vez más plural, seamos integradores de fuerzas en la construcción de un mundo más justo, reconciliado y solidario”.

Servidores de la mesa compartida

Ante las “agudas diferencias entre ricos y pobres”, invitaron a “trabajar con mayor empeño en ser discípulos que saben compartir la mesa de la vida, mesa de todos los hijos e hijas del Padre, mesa abierta, incluyente, en la que no falte nadie. Por eso reafirmamos nuestra opción preferencial y evangélica por los pobres”.

También a “comprometerse a defender a los más débiles, especialmente a los niños, enfermos, discapacitados, jóvenes en situaciones de riesgo, ancianos, presos, migrantes. Velamos por el respeto al derecho que tienen los pueblos de defender y promover ‘los valores subyacentes en todos los estratos sociales, especialmente en los pueblos indígenas' (Benedicto XVI, Discurso Guarulhos No.4). Queremos contribuir para garantizar condiciones de vida digna: salud, alimentación, educación, vivienda y trabajo para todos.

“La fidelidad a Jesús nos exige combatir los males que dañan o destruyen la vida, como el aborto, las guerras, el secuestro, la violencia armada, el terrorismo, la explotación sexual y el narcotráfico”, aseveraron, al tiempo que exhortaron a “todos los dirigentes de nuestras naciones a defender la verdad y a velar por el inviolable y sagrado derecho a la vida y la dignidad de la persona humana, desde su concepción hasta su muerte natural”.

Los obispos latinoamericanos pusieron a disposición de sus países “los esfuerzos pastorales de la Iglesia para aportar en la promoción de una cultura de la honestidad que subsane la raíz de las diversas formas de violencia, enriquecimiento ilícito y corrupción”, e instaron a que, en coherencia con el proyecto del Padre creador, todas las fuerzas vivas de la sociedad cuiden "nuestra casa común, la tierra, amenazada de destrucción”.

“Queremos favorecer un desarrollo humano y sostenible basado en la justa distribución de las riquezas y la comunión de los bienes entre todos los pueblos”, puntualizaron.

   
 

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