Lima, 26 de noviembre de 2007

 
   
 

Benedicto XVI: Los Cardenales, llamados a dar la vida por la Iglesia

El domingo 25, en la solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo Rey del Universo, el Papa presidió en la basílica vaticana la concelebración eucarística con los 23 nuevos purpurados creados en el consistorio del último sábado 24, a los que entregó el anillo cardenalicio. En dicha ceremonia también participó el Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne, Arzobispo de Lima.

En la homilía, el Santo Padre afirmó que “en Jesucristo crucificado se da la máxima revelación de Dios posible en este mundo, porque Dios es amor, y la muerte en la cruz de Jesús es el mayor acto de amor de toda la historia”. En este contexto, señaló que en el anillo cardenalicio “está representada precisamente la crucifixión. Esto será siempre para vosotros una invitación para recordar de qué Rey sois servidores, el trono en el que Él fue elevado y su fidelidad hasta el final para vencer el pecado y la muerte con la fuerza de la divina misericordia”.

“La madre Iglesia, esposa de Cristo -continuó-, os da esta insignia como recuerdo de su Esposo, que la amó y se entregó a sí mismo por ella. De este modo, llevando el anillo cardenalicio, se os recuerda constantemente que estáis llamados a dar la vida por la Iglesia”.

Benedicto XVI se preguntó: “¿Cómo no sentir al mismo tiempo la alegría y la responsabilidad de servir a este Rey, de testimoniar con la vida y con la palabra su señoría? Esta es, en particular, nuestra tarea: anunciar al mundo la verdad de Cristo, esperanza para cada ser humano y para toda la familia humana”.

“Para mí supone un motivo de consuelo poder contar siempre con vosotros -dijo dirigiéndose a los cardenales-, tanto colegial como singularmente, para realizar, también yo, esta tarea fundamental del ministerio petrino”.

El Santo Padre puso de relieve un aspecto que “está estrechamente unido a esta misión: la paz entre todos los discípulos de Cristo, como signo de la paz que Jesús ha venido a instaurar en el mundo”.

“La Iglesia -dijo- es aquella porción de humanidad en la que ya se manifiesta la realeza de Cristo, que tiene como manifestación privilegiada la paz. Es la nueva Jerusalén, todavía imperfecta porque peregrina en la historia, pero capaz de anticipar, en cualquier modo, la Jerusalén celestial”.

Benedicto XVI terminó recordando a los purpurados que “la oración por la paz y la unidad constituye la primera y principal misión, para que la Iglesia sea “sólida y compacta”, signo e instrumento de unidad para todo el género humano”.

   
 

Sala de Prensa
Plaza Mayor s/n. Lima. Tlf. 427-1217
prensa@arzobispadodelima.org

   
 

[Notas del Arzobispado de Lima] [Homilías del Cardenal Cipriani]
[El Santo Padre] [Archivo Arzobispal] [Notas sobre el Legado Riva Agüero]