Lima, 30 de abril de 2008

 
   
 

“Para que el Espíritu Santo actúe en nuestra vida hay que morir al pecado”

Más de cien jóvenes del Colegio “Nuestra Señora del Carmen” de Miraflores, recibieron de manos del Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne el sacramento de la Confirmación, en una misa celebrada en el coliseo de dicho centro educativo, el último martes 29 de abril, Fiesta de Santa Catalina de Siena.

El Arzobispo de Lima afirmó en su homilía que para que venga el Espíritu Santo fue necesario que Jesús muriera en la Cruz. “Por tanto, para que el Espíritu Santo actúe en nuestra vida hay que morir al pecado, a nuestros caprichos, a nuestras inclinaciones que -a veces- nos llevan por caminos equivocados, a nuestro carácter y a tantas inquietudes que en lugar de ayudarnos nos complican la vida.

Señaló que “uno tiende a ser el rey de su propia vida “caiga quien caiga”, pero si queremos ser felices hay que morir un poco a ese orgullo, a ese amor propio, a esa soberbia y hay que dejar que el Espíritu Santo vaya poniendo en nuestras almas lo que somos”.

“Si queremos encontrarnos con Dios tenemos que ser muy humanos. Para llegar a lo divino, el camino es lo humano. Por lo tanto, te animo que mueras a lo que no es humano como la violencia, la mentira, el abuso del sexo y el maltrato de la droga”, añadió.

El Cardenal Cipriani manifestó que el Espíritu Santo nos dice que puede entrar en nuestra casa si es que vamos muriendo en esa Cruz como Jesús, en eso que nos cuesta para ser humano: un hombre o una mujer que es alegre, entusiasta, estudioso, que sabe ser amigo, ayuda a los demás, ama a sus padres y comprende a sus hermanos.

Invitó a los jóvenes a procurar tener esa conciencia del bien y luchar por levantarse temprano, cumplir los horarios, comprender a gente que piensa diferente que nosotros, superar dificultades, enfermedades y momentos de desaliento.

“Si tú le dices al Señor: ‘aquí estoy’, el Espíritu Santo armará una fiesta. Pero si le dices: ‘prefiero mi comodidad’, el Espíritu Santo no podrá entrar en ti”.

El Pastor de Lima mencionó que si nos encontramos con el amor del Espíritu Santo veremos que los mandamientos son una ayuda, el matrimonio es una maravilla, el sacramento de la Confesión es una alegría, la familia es extraordinaria y los hijos son una bendición de Dios.

“Si el amor del Espíritu Santo invade nuestra alma, porque no le tenemos temor a esa cruz de evitar lo que no nos hace humanos, se nos abrirá un panorama maravilloso. Olvidémonos de las situaciones momentáneas y superfluas, la alegría que Dios tiene preparado para cada uno de nosotros es mucho mayor”, concluyó.

   
 

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