Lima, 06 de agosto de 2008

 
   
 

Cardenal Cipriani en Motupe: “La cruz es señal de sacrificio”

Este martes 05 de agosto, en el marco de las celebraciones por el 140 Aniversario de la veneración de la Cruz de Motupe, el Cardenal Juan Luis Cipriani hizo un llamado a la feligresía católica para ser amantes de la cruz y demostrar todo el afecto posible para poder venerarla y rendirle culto, sin olvidar que nuestra fe se basa en Jesucristo nuestro Señor.

El Arzobispo de Lima indicó que él conoció la cruz de Motupe cuando vino como peregrino hace algunos años e indicó que la cruz es una señal de un mundo de sacrificio. Además, recordó que el Santo Padre, Benedicto XVI, ha otorgado el don de la indulgencia plenaria por los 140 años de veneración de la Cruz de Motupe.

El Cardenal Cipriani fue declarado visitante ilustre por el Municipio de Motupe y jóvenes de la Pastoral y de la Hermandad entregaron un manto de los que se le acostumbra colocar a la cruz; y, además, una pequeña réplica de la cruz.

La ciudad de Motupe desde hace décadas atrae a miles de feligreses que llegan desde lejanos lugares del país y hasta del extranjero para venerar la Cruz del Cerro Chalpón, que es bajada desde su gruta ubicada a varios kilómetros de la ciudad en las cretas del Cerro Chalpón.

Este año, la feria en honor a la Santísima Cruz de Chalpón tiene una peculiaridad pues recibirá la visita de las dos cruces que son sus contemporáneas y que -según los historiadores- fueron dejadas también por el Padre Abad.

Las también milagrosas cruces del Cerro de Yanahuanca, de la comunidad campesina San Mateo de Penachí -del distrito de Salas- y la del Cerro Chalpón -del distrito de Olmos- llegaron hasta la ciudad de Motupe en hombros de sus feligreses, para participar en las celebraciones eucarísticas que se desarrollan con ocasión de los 140 Aniversario de la veneración de la Cruz de Motupe.

Historia de la Santísima Cruz

Los historiadores han señalado que la presencia de la Cruz de Motupe ha marcado a Motupe y a la provincia de Lambayeque. La fe hacia el Santo Madero nace en 1860 aproximadamente.

Se dice que por aquel año hizo su aparición en la zona, un sacerdote de humilde estampa, pero de extraordinaria presencia. La historia registra que era un franciscano que se llamaba Fray Juan Abad que se movilizaba por la extensa área que ahora son los distritos de Olmos, Motupe y la parte altoandina del distrito de Salas.

Los historiadores señalan que de un día a otro, se aparecía por Motupe donde vivía de la caridad de los pobladores que lo acogían con mucho aprecio.

Y es a una de estas familias, en que el Fray Abad les narra que en algunos cerros que no identificó, estaba dejando tres tesoros para los feligreses de la zona. Sin duda que se refería a las tres cruces que hoy se veneran en Motupe, Olmos y Penachí.

Así como aparecía misteriosamente, Fray Abad también desapareció sin dejar huella ni rastro, pero lo que sí dejó es huella en las personas que él frecuentó, con la recomendación de que cuando la población estuviera en peligro, se buscara el tesoro.

Se dice que a los pocos años que el Fray Abad dejara de frecuentar al pueblo de Motupe, de Lima llegaban los comentarios de que en dicho pueblo habría un fenómeno a nivel mundial.

Corría el año 1868 cuando el rumor llegó hasta los oídos de los motupanos, quienes tomaron la decisión de buscar el tesoro que les había dejado el Padre Abad.

Los comisionados salieron varios días sin resultado positivo alguno, pero cuando ya era el 5 de agosto, la cuadrilla que encabezaba el ciudadano José Anteparra Peralta, logra ubicar a la cruz en un recodo que estaba a mucha altura.

Era una cueva natural -a la que- para subir había que trepar en la roca viva del Cerro Chalpón. Los buscadores regresaron al pueblo con la nueva noticia y el día siguiente se organizaron para ir a bajarla y trasladarla al pueblo.

Los repiques de campanas, anunciaban un día de gloria para la población de Motupe. Y desde esa época, los motupanos año tras año, bajan a la cruz desde su gruta en el Cerro Chalpón y la llevan a su pueblo en medio de un mar humano que año a año demuestra su devoción a la Santísima Cruz.

   
 

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