Lima, 21 de diciembre de 2008

 
   
 

“Si el sacerdote no es Cristo, no es nadie”

El Cardenal Juan Luis Cipriani ordenó a dos nuevos diáconos y a dos nuevos presbíteros pertenecientes a la institución Misioneros de la Reconciliación del Señor de los Milagros, el sábado 20 de diciembre en la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe.

Los nuevos presbíteros son el Padre Julio César Cahuana Ramos y el Padre Ramón Facho Valladares. Los nuevos diáconos son Florencio Joaquín Jara y Jhon Christian Valiente Bueno.

Durante su homilía, el Pastor de Lima compartió algunas reflexiones con los nuevos diáconos y presbíteros para que lleven de manera idónea su ministerio.

“La condición indispensable para todo cristiano, también para los diáconos y sacerdotes está en ser discípulos de Jesucristo y tener un conocimiento intenso de su vida, leyendo, estudiando, meditando la Palabra de Dios. Si el sacerdote no es Cristo, no es nadie. Un sacerdote que no está imbuido de la vida de Cristo es un gran daño para la Iglesia”, exhortó.

Fortalecimiento espiritual y el Santo Rosario

El Arzobispo de Lima les recordó que para servir correctamente a Cristo y a su Iglesia es necesario tener una vida espiritual empapada de amor a Cristo. Por ello, recomendó la dirección espiritual y el constante amor a la Virgen María, mediante el rezo del Santo Rosario.

“Les recuerdo: la lectura y meditación de la Palabra de Dios cada día; la oración, el examen de conciencia sincero y breve todos los días; la frecuencia del sacramento de la Reconciliación; la celebración de la Eucaristía. Todo esto requiere de una dirección espiritual, necesitamos a un hermano sacerdote al cual le abrimos el alma por lo menos cada mes para que nos corrija, nos limpie y aconseje. Dirección espiritual, sino no creeré en tus deseos de santidad y fidelidad. Todo envuelto en un amor tierno en ese rezo diario del Santo Rosario, esa es la actitud de un hijo fiel”, señaló.

El Arzobispo de Lima también recordó que Cristo regala a los sacerdotes el don del celibato, libre y lleno de amor a Dios. “No lo defraudemos, seamos fieles, y para ello la Iglesia nos da el don del celibato, un corazón normal, que no se deja esclavizar por las ataduras de la carne. Dios te pide todo tu corazón, si no estás dispuesto, no te ordenes. Si vienes a ordenarte es porque tu corazón entero y para toda la vida es para Dios y por eso les hablo de la dirección espiritual para recibir consejos”.

La Eucaristía, el centro de nuestra vida

Finalmente, recordó que para un cristiano, más aún en la vida de un sacerdote, la Eucaristía debe ocupar un lugar primordial. “La Eucaristía debe ser para nosotros el centro de la vida. El día se divide en la preparación para la Eucaristía y la acción de gracias para la Eucaristía”.

“Celebremos la misa los sacerdotes en nombre de Cristo. En el altar somos Cristo, es la voz que le presto, mis gestos, mis palabras, mi porte exterior. Hay que cuidar los ornamentos, los manteles, el cáliz, los purificadores. Hay que vivir bien la liturgia, sin añadir ni quitar lo que está establecido. Predica solo la palabra de Dios, por eso recíbela primero, medítala después, y entrégala. No te olvides que debes obediencia vital al obispo y tus superiores”, culminó.

Concelebraron con el Cardenal Cipriani; el Padre Felipe Fierro, Superior General de los Misioneros de la Reconciliación del Señor de los Milagros; y el Padre Julio Martínez, párroco de Nuestra Señora de Guadalupe y otros sacerdotes de la Arquidiócesis de Lima.

   
 

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