Lima, 21 de febrero de 2008

 
   
 

“La violencia jamás es camino para nada”

El Cardenal Juan Luis Cipriani, con motivo del séptimo aniversario de su creación cardenalicia por parte de Juan Pablo II, un 21 de febrero de 2001, concedió una entrevista a Radioprogramas del Perú este jueves donde afirmó que el Perú y también la Iglesia en nuestro país se debaten en el momento actual en una suerte de “crisis de crecimiento” que plantean una serie de desafíos que exigen un esfuerzo de todos para salir adelante y llevar la verdad del Evangelio.

Raúl Vargas: Hoy día se conmemoran siete años de la creación cardenalicia del Cardenal del Perú, cuyo consistorio lo presidió el Papa Juan Pablo II, en la Plaza San Pedro, en el año 2001. En aquella oportunidad, el Cardenal Cipriani expresó que “el amor a nuestra patria se tiene que expresar de una manera muy clara en el amor a la verdad, porque amar a la patria es amar a cada uno de los peruanos, y para amar a cada uno de los peruanos hace falta un respeto a su fama y a su integridad moral”. ¿Qué ha ocurrido en estos siete años en el Perú y en el mundo, especialmente, en el terreno religioso? ¿Cuál es la situación de la Iglesia peruana? En fin, esto un balance, de buena medida, de la gestión y la tarea pastoral de Monseñor Juan Luis Cipriani. Cardenal, muy buenos días, un gusto saludarlo.

Muchas gracias Raúl Vargas, Patricia del Río y Augusto Álvarez Rodrich. De verdad que hoy desde temprano le he dado gracias a Dios y también he meditado en la enorme responsabilidad que pone el Papa en los hombros de un cardenal para que se preocupe de la Iglesia Universal y de la Iglesia Local. Y bueno, he intentado todos estos años luchar, y lo primero que hago es darle gracias a Dios y también gracias a la gente, porque honradamente las muestras de cariño y de cercanía han sido frecuentes.

Raúl Vargas: Evidentemente, en estos siete años han ocurrido una serie de cosas en el mundo y en el Perú, no sólo políticas, sino desde el punto de vista, primero, de afirmación de la propia sociedad peruana; segundo, todos los problemas derivados de la violencia, la corrupción, la falta de moral, los programas educativos y sus dificultades, en general, temas en los que la Iglesia juega un rol. ¿Qué es lo que ha ocurrido con la sociedad peruana durante estos años?

Yo pienso, a manera muy sencilla y breve, que estamos en una profunda “crisis de crecimiento”. Yo lo llamaría de esta manera, como en las familias cuando la ropa le queda pequeña porque da un estirón el muchacho, yo creo que también este estirón de riqueza material no ha ido acompañado de la suficiente adaptación de los sistemas del Estado, llámese central, regional o local. Entonces, las normas jurídicas, los modos de vida, la presencia de la sociedad y en todo, yo diría que hay como una desadaptación, es decir, está costando más de lo que parece esa gradualidad que supone adaptarse a nuevas circunstancias; y por cierto, la violencia jamás es camino para nada y respuesta para nada, y entonces, vemos que en estas crisis se resalta u ocurren estos hechos de violencia que no conducen a nada. Yo quisiera llamarlo una “crisis de crecimiento”. Yo creo que ese crecimiento está forzando a una mayor eficiencia de la respuesta del Estado, de la empresa y de todos, para aprender a vivir de otro modo con mayor equidad, mayor respeto y con mayor tolerancia, y para eso, hacen falta unos valores de verdad, de justicia y de transparencia. Son cosas que a toda la sociedad le cuestan un poco, pero creo que vamos encaminándonos.

Patricia del Río: Justamente, en ese sentido, en esta suerte de desadaptación que se ha dado entre el crecimiento económico, el hecho de que no todos reciben sus beneficios y se generan conflictos sociales. En muchas zonas críticas del Perú personajes de la Iglesia, sacerdotes locales han cobrado una importancia particular al volverse, en algunos casos, voceros de las personas que se ven afectadas por determinados conflictos ambientales y han tratado o de compatibilizar o de defender los intereses de las personas que viven en determinadas zonas, y esto ha sido muy criticado. ¿Cuál debe ser el rol de la Iglesia en este nuevo contexto?

Yo pienso, que el equilibrio que esta nueva situación también exige a la Iglesia, es muy difícil de establecer. Evidentemente, si hablamos de la Iglesia en el terreno de los bautizados, por supuesto, los laicos tienen la absoluta libertad de escoger sus opciones del mejor modo posible. Si hablamos de autoridades, llámese obispos o sacerdotes que utilizando su situación de autoridad religiosa entran en el campo de lo opinable, evidentemente, la respuesta es que la Iglesia no tiene que estar en ese ambiente, pero creo yo que estas cosas puntuales que usted ha señalado y que han sido muy notorias, requieren de una reflexión de esas personas para darse cuenta que la Iglesia tiene obligación de dar a conocer los principios y los aspectos de reflexión que pueden ser sumamente importantes. Lo que no puede es permitir que con facilidad la utilicen para tal o cual grupo cuando ya baja a detalles prácticos, en los que cada uno es libre de tener opiniones más personales. Es decir, creo yo que el campo del medio ambiente es sumamente importante y todos lo defendemos, pero cuando se baja a decir no se corten los árboles o no se ponga tal mina, yo digo: “señor, usted es sacerdote o es geólogo o empresario, a título de qué nos está hablando”. Por eso, creo que ese equilibrio, esa madurez es necesaria. Ojalá que noten que estoy esforzándome estos últimos años para tener una mayor madurez en el modo de expresarme, justamente, buscando entre todos un nuevo punto de encuentro para no polarizar las opiniones.

Augusto Álvarez Rodrich: Cardenal, muy buenos días y felicitaciones por este séptimo aniversario. Quería preguntarle, la Iglesia Católica es una organización diferente a casi todas las otras, pero es una entidad organizada e intuyo que debe tener objetivos como toda entidad. Y ahí quería preguntarle: ¿Qué es lo que puede estar pasando en el Perú, -si es que algunas encuestas que se ven año a año son ciertas-, en el cual la Iglesia Católica porcentualmente, si uno ve los últimos quince o veinte años, va como perdiendo posiciones frente al avance de otras creencias u otras religiones? ¿Es un tema que la Iglesia Católica en el Perú, en América Latina y en el mundo, por lo menos le preocupa, lo ve con interés?
                                            
Sí. Justamente esa crisis de crecimiento, de la que he hablado al comienzo, también ocurre en el campo de la Iglesia. Es decir, el sistema de organización que hoy hay en el mundo, tan rápido y tan intenso, ha dejado un poco retrasado el modo habitual de la Iglesia de llevar su mensaje, es decir, la misión de la Iglesia y de los sacerdotes han quedado un poco retrasados al ritmo que hay con la radio o con el Internet.

Creo que el gran esfuerzo de la Iglesia es adaptarse con una mayor modernidad a los sistemas de comunicación y a los cambios que ocurren en la sociedad. Efectivamente, ha habido ahí una cierta lentitud para saber enfrentar ese nuevo cambio en la comunicación y en los modos de vida. En cuanto al crecimiento, yo siempre veo que la Iglesia tiene un deber de Jesucristo, es decir, “Lleven esta verdad al mundo entero”. Si logramos llevarla a muchos o a pocos, hay épocas mejores y épocas peores. De todas maneras, creo que más que un tema de competencia y eficiencia, es un deber. Hay que llevar la paz, esa alegría y esa presencia de Jesucristo al mayor número de hogares y creo que la gente nos sigue acogiendo, gracias a Dios, pero es un desafío, como lo mencionas, y creo que sí preocupa eso, lo decía Juan Pablo II el año 1983, “la Iglesia tiene que buscar nuevos métodos, nuevas expresiones, un nuevo ardor para la nueva evangelización”. Pienso que en Aparecida, recientemente en Brasil, pues se habló mucho de esto. Y más que hablar, se trata de lanzarnos a esta misión sin ámbito de críticas y de competencias, sino con ese amor a Dios que nos lleva a procurar dárselo a los demás.

Muchas felicidades Señor Cardenal.

Muchas gracias, y una bendición para todos ustedes.

   
 

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