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Lima, 09 de junio de 2008 |
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Misa en “Nuestra Señora de la Encarnación” El último sábado 07 de junio el Cardenal Juan Luis Cipriani presidió la Santa Misa en la parroquia “Nuestra Señora de la Encarnación”, conmemorando la devoción de los primeros sábados que mensualmente los Heraldos del Evangelio practican siguiendo el mandato de “Nuestra Señora de Fátima”.
“Piensa un poco en lo que se llama la presencia de Dios. Porque si todos los días nos esforzamos en ese ejercicio de que tus pensamientos, deseos, ilusiones, trabajos estén unidos a la presencia de Cristo vivo, tu vida cambia. Y la de los demás cambia mucho. Simplemente presencia de Cristo en mi vida, cuando voy por la calle, subo al micro, en todos los momentos de mi vida, ¿qué espera Jesús de mí ahora?”, reflexionó. Del mismo modo, exhortó a los fieles a elevar el corazón por lo menos media hora a diario para conversar con Jesús. “Media hora para decirle algo: Jesús te amo, hola, acompáñame, ayúdame, perdóname, enséñame, dame paciencia, lo que tú quieras pero ten amistad con Jesús”, enfatizó.
El Pastor de Lima recordó que la santidad se logra con esfuerzo diario, lucha y oración, enfatizando que en ese camino de la vida, estamos permanentemente volviendo a empezar, recuperándonos, convirtiéndonos. “¡Convéncete!, no es que digas soy amigo del pecado, pero si soy pecador”, manifestó. Finalmente, el Pastor de Lima le pidió a Nuestra Madre, la Virgen María, para que nos conduzca a esa escuela del amor que su Hijo fundó. “Métenos en esa escuela para que arda el amor, para que entendamos que es una religión de vivos, de amores. Enséñanos a amar y dejarnos amar, a vivir por amor”, culminó.
Cabe mencionar que la devoción de los primeros sábados nace como mandato de la Virgen María en su advocación en Fátima, Portugal, dónde le prometió a Sor Lucía (estando en la Casa de las religiosas Doroteas en Pontevedra – España) que quien durante los primeros sábados de cinco meses se confiese, reciba la Sagrada Comunión, rece el Rosario y medite 15 minutos sobre los Misterios, la Virgen María lo asistirá en la hora de su muerte con todas las gracias necesarias para su salvación. |
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