Lima, 30 de marzo de 2008

 
   
 

“Un cristianismo sin sacrificio es inútil”

En el Segundo Domingo de Pascua y Fiesta del Señor de la Divina Misericordia, el Cardenal Juan Luis Cipriani celebró la Santa Misa en la Basílica Catedral con la presencia de cientos de fieles de diversas parroquias de la Arquidiócesis de Lima.

El Arzobispo de Lima afirmó que un cristianismo sin sacrificio es inútil. “Hay que cumplir mejor los deberes, hay que procurar vivir mejor y no hay que acudir a la piedad con una actitud ligera”.

Pidió también dejar de lado los pecados, los caprichos, la flojera, la comodidad y tantas cosas que conocemos y que no nos llevan a Dios.

Al referirse a la Gran Misión de Lima, que se iniciará el Lunes 28 de abril, el Cardenal Cipriani encomendó a los fieles llevar la imagen del Señor de la Divina Misericordia por todas las casas de la Arquidiócesis de Lima; así como cuidar mucho esos actos de piedad, el rezo de la coronilla y la meditación de los dolores de Cristo.

Invocó también que la imagen del Señor de la Divina Misericordia se extienda por todos los hogares, especialmente a la juventud, a través de los colegios, universidades, institutos y todos los rincones de Lima.

“Ahí está el voluntariado del Señor de la Divina Misericordia: conocer bien esta experiencia de amistad con Cristo y con María; y ser voluntarios para dedicar horas visitando los hogares, explicando esta devociones, promoviendo la distribución de estas imágenes para que Él toque los corazones”.

El Pastor de Lima agregó que esta es una maravillosa manera de ser fieles a lo que Cristo quiere, a lo que hoy la Iglesia nos enseña y a lo que hizo el recordado Papa Juan Pablo II, quien falleció justamente en la vigilia de la celebración del domingo de la Divina Misericordia, en cuya difusión de su devoción este recordado pontífice colaboró activamente.

“Como Pastor de la Arquidiócesis de Lima los llevo de la mano para que esta maravillosa devoción sea un camino privilegiado de acercar a muchas almas alejadas al encuentro con Cristo misericordioso, sufriente y resucitado”.

El Cardenal Cipriani pidió especialmente por las vocaciones sacerdotales porque hacen falta muchas almas que sean fieles.

“Que el Señor nos oiga, eso es lo que necesita la Iglesia de Lima, familias que con generosidad acogen y respetan la vocación de sus hijos y de sus hijas, porque es una señal de privilegio delante de Dios y no es motivo de queja, sino de agradecimiento el que el Señor se fije en una persona de la familia para que la sirva con una entrega total”, concluyó.

   
 

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