Lima, 12 de mayo de 2008

 
   
 

“Santo Toribio, discípulo y misionero”

El último viernes 09 de mayo, con un acto en el aula Magna de la Pontificia Universidad Urbaniana de Roma, finalizaron los eventos celebrativos de los 50 años de creación de la Pontificia Comisión para América Latina, institución de la Santa Sede que hace referencia directa a la Iglesia que peregrina en América Latina y el Caribe, y que fue creada por el Papa Pío XII en 1958. El Cardenal Juan Luis Cipriani, Arzobispo de Lima, disertó sobre la figura de Santo Toribio de Mogrovejo, en el 25 aniversario de su declaración como Patrono del Episcopado Latinoamericano, por parte del Papa Juan Pablo II. Resaltó las grandes virtudes del santo, segundo Arzobispo de Lima, no sólo en cuanto a su vida de creyente, sino sobre todo a su figura de pastor y jurista.

El Arzobispo de Lima tomando como hilo conductor la expresión audaz del Siervo de Dios Juan Pablo II, que propuso una nueva evangelización que se caracterizara por ser “nueva en su ardor, en sus métodos y en sus expresiones”, y teniendo muy presente que la novedad ha llegado en plenitud con la Palabra Encarnada, comentó la acción evangelizadora de Santo Toribio, como ejemplar realización de esa invitación a una nueva evangelización.

Refiriéndose al “nuevo ardor”, el Cardenal Cipriani se detuvo en la vida del seglar Toribio Alfonso de Mogrovejo, para comentar la calidad de su vida interior y de piedad, demostrada en el ejercicio virtuoso de sus deberes ordinarios de niño, adolescente, estudiante, joven profesional y brillante abogado. “El ardor novedoso del Evangelizador santo es y será siempre su Amor a Dios”.

Al exponer sobre los “nuevos métodos”, el Primado del Perú se centró en el comentario de la actuación del Obispo Toribio de Mogrovejo, prestando especial atención a su trabajo de gobierno: normas que dictó, orientaciones y directrices que dio, eventos que promovió, textos que utilizó. “El nuevo método para el Apóstol de todos los tiempos sería esforzarse por cargar con la oveja perdida: dándole la doctrina de Cristo del mejor modo posible”.

“Celoso pastor, convencido que sólo el conocimiento de las verdades de la fe forma cristianos de verdad, el segundo Arzobispo de Lima se esforzó por proveer las leyes pertinentes para que sus fieles fuesen adoctrinados. Para la población española se preveía, en tiempos de santo Toribio, la enseñanza de la doctrina los domingos y festivos. Para los indios, más necesitados de doctrina, se fijaron los miércoles y viernes como días de enseñanza de la doctrina”, manifestó Pastor de Lima.

Comentó que Santo Toribio además de cumplir en persona la tarea de la formación en la fe y de urgir la gravedad de este ministerio a sus sacerdotes, alentó lo dispuesto en el III Concilio límense acerca de la redacción de un Catecismo que, traducido a las lenguas indígenas, sirviese para instruir sobre todo a los recién convertidos garantizando la recta enseñanza de la doctrina de la salvación”.

Al referirse a la “nueva expresión” de la evangelización, el Pastor de Lima se centró en la vida propiamente sacerdotal de Toribio de Mogrovejo: desde la importancia dada a cada parroquia, a la necesidad de que existieran en el número adecuado para los fieles que debía atender, hasta la administración generosa de los sacramentos, así como a lo dispuesto para el cuidado de la liturgia. “Dejar actuar a Cristo vivo en cada uno de sus Sacramentos, siendo el mejor instrumento posible, es la permanente expresión novedosa del celo evangelizador”.

“Porque fomentaban la devoción de los fieles y acrecentaban el amor a Dios, santo Toribio alentó también algunas manifestaciones de piedad popular. Así, aunque encontró ya establecidas en Lima y en otras ciudades y pueblos de la Arquidiócesis las procesiones de Semana Santa”.

Ejemplo eximio de caridad pastoral

El Cardenal Cipriani expuso también sobre el ardor pastoral del II Arzobispo de Lima que sale a la luz en esas visitas, que ocuparon gran parte de su trabajo pastoral. “La primera visita la comenzó en 1583 y duró hasta 1590, no volviendo a Lima sino una vez para una consagración episcopal; la segunda visita se abrió el 7 de julio de 1593 y duró hasta 1598. En 1601 comienza la tercera visita, visitó las provincias de Lima y los departamentos de Junín y Huanuco, regresando en 1604, la retoma el 12 de enero de 1605 y duró hasta el 23 de marzo de 1606, día de su partida a la Casa del Padre”.

“Estas visitas incomprendidas, que le ocasionaron contradicciones, sobre todo a causa de las infamias del virrey, le permitieron ser y mostrarse como misionero, evangelizador, padre y pastor, con ninguna otra preocupación que comunicar la vida que ofrece el Buen Pastor. “Toribio, configurado con Jesús el Buen Pastor, lleva Dios a sus fieles, lleva la vida divina que dispensa mediante los sacramentos; la verdad divina que ilumina la vida humana proclamada en su tarea de evangelización; lleva el amor de Dios mediante su actitud amorosa y caritativa”.

Promotor de vocaciones y de la santidad del clero

El Arzobispo de Lima señaló que Santo Toribio tiene en mente al sacerdote que enseña la doctrina, que busca a los fieles, incluidos los indios en sus lugares de trabajo, para enseñarles la doctrina cristiana. Por otra parte, espera que por el ministerio sacerdotal sus fieles puedan recibir los sacramentos, “por eso considera que es prudente que no sean muchos los fieles que deba atender un sacerdote, a fin de que la evangelización sea profunda y duradera, de allí que estableció que hubiese un sacerdote por cada mil almas”.

“Santo Toribio es consciente de que sin la colaboración del clero la acción de un obispo sufre grave detrimento, por eso se empeña en poner en práctica lo mandado en el Concilio de Trento y se empeña en la fundación de un Seminario. Esta obra tuvo su realización en 1591 y no estuvo exenta de sacrificios para el Santo”.

El Cardenal Cipriani mencionó que Santo Toribio fue un fiel discípulo de Jesucristo, fue aprendiendo el amor de Cristo y vivió movido por esa caridad. “Hizo un verdadero proceso de discipulado. Una gesta y epopeya pastoral como la suya sólo se entiende realizada por un hombre que se abre a la gracia y se deja formar por el Espíritu de Dios a imagen de Cristo, el Buen Pastor. Sólo un orante, un hombre que oye la Palabra y recibe la gracia en la vida litúrgico-sacramental puede ser un discípulo de tal estatura espiritual”.

“Pero el discípulo auténtico deviene en actividad misionera. El encuentro con Cristo mueve a anunciar a Cristo a los demás para que ellos también hagan la experiencia del amor que renueva y salva. Y eso aconteció con el Santo Arzobispo de Lima. Fue un cristiano a carta cabal y por eso un obispo santo”, agregó.

Al concluir, el Arzobispo de Lima pidió que en estos tiempos de nueva evangelización estudiemos  la vida y las obras de Santo Toribio para aprender de él. “El Papa Benedicto XVI me comentó, refiriéndose a él que es “un gran santo que debía darse a conocer más. Ante esta sugerencia de Su Santidad propuse, - el 24 de abril del 2006 -, la creación de la Cátedra de Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo en la Universidad Pontificia y Civil de Lima que espero sea una realidad este año de la ‘Gran Misión de Lima’”.

   
 

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