Lima, 15 de abril de 2009

 
   
 

Potencia del amor aniquila fuerza del mal y de la muerte

Más de treinta mil personas asistieron hoy en la Plaza de San Pedro a la audiencia general de los miércoles. El Papa, que llegó a la Plaza en helicóptero desde la residencia de Castel Gandolfo, dedicó la catequesis a la alegría del tiempo pascual que “ningún sufrimiento o pena pueden borrar porque se basa en la certeza que Cristo, con su muerte y resurrección ha triunfado definitivamente sobre el mal y la muerte”.

“La novedad sorprendente de la Resurrección -dijo el Santo Padre- es tan importante que la Iglesia no deja de proclamarla, prolongando su recuerdo especialmente el domingo, que es el día del Señor y la Pascua semanal del pueblo de Dios”.

“Para nuestra fe y nuestro testimonio cristiano es fundamental proclamar la resurrección de Jesús  como un hecho real, histórico y atestiguado por muchos testigos acreditados. Lo afirmamos resueltamente porque, también en nuestra época, no faltan los que intentan negar su historicidad limitando el relato evangélico a un mito”.

Benedicto XVI explicó que “ciertamente la resurrección no fue para Jesús un simple regreso a su precedente vida terrenal (...) sino el  paso a una dimensión de vida profundamente nueva que (...) implica a toda la familia humana, a la historia y al universo. Este evento (...) cambió la vida de los testigos oculares (...) y a lo largo de los siglos generaciones enteras de hombres y mujeres lo acogieron con fe y lo testimoniaron incluso con el martirio”.

“Con San Agustín proclamamos: “La resurrección de Cristo es nuestra esperanza” y nuestro futuro”, dijo el Papa y agregó que " en la resurrección de Cristo se funda nuestra sólida esperanza y ésta  ilumina nuestra peregrinación terrenal que incluye el enigma humano del dolor y la muerte. La fe en Cristo crucificado y resucitado es el corazón de todo el mensaje evangélico, el núcleo central de nuestro Credo (...) En el misterio pascual se cumplen las palabras de la Escritura (...) o sea, es un acontecimiento que encierra (...) una lógica: la muerte de Cristo atestigua que la Palabra de Dios se hizo hasta el final “carne”, “historia”, humana”.

“En la Pascua - exclamó en fin el Papa- Dios se revela a si mismo y la potencia del amor trinitario que aniquila las fuerzas destructoras del mal y la muerte”.

Fuente: Vatican Information Service

   
 

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