Lima, 04 de agosto de 2009

 
   
 

Fomentar el deporte según los más altos valores humanos

El Santo Padre Benedicto XVI reanudó el domingo 02 de agosto sus audiencias públicas, al recibir en el patio del palacio apostólico de Castelgandolfo a unas 700 personas entre atletas, dirigentes y técnicos de los Campeonatos mundiales de natación que se están celebrando en Roma.

Llamándolos “queridos amigos”, el Papa les manifestó, en primer lugar, su viva complacencia por celebrar este encuentro con ocasión de los campeonatos mundiales de natación; les agradeció su visita, dándoles a cada uno su cordial bienvenida.

Ante todo, Benedicto XVI dirigió un pensamiento deferente al señor Julio Maglione, presidente de la Federación Mundial de Natación y a Paolo Barelli, presidente de la Federación Italiana de Natación, a quienes dio las gracias por las gentiles palabras con las que manifestaron los sentimientos comunes.

El Santo Padre también saludó a las demás autoridades presentes: dirigentes y responsables, técnicos, delegados, periodistas y operadores de medios de comunicación, sin olvidar a los voluntarios, organizadores y a cuantos contribuyeron de diversas maneras en la realización de este hecho deportivo mundial. Mientras reservó un saludo afectuoso y especial a los atletas de diversas nacionalidades, que son, tal como dijo el Papa, “los protagonistas de estos campeonatos mundiales de natación”.

El deporte: una lección de vida

“Con estas competiciones ustedes ofrecen al mundo un sugestivo espectáculo de disciplina y de humanidad, de belleza artística y de tenaz voluntad. Muestran a qué metas puede conducir la vitalidad de la juventud, cuando no rechaza la fatiga de los duros entrenamientos y se aceptan de buena gana tantos sacrificios y privaciones. Todo esto –dijo el Papa- constituye también para sus coetáneos una importante lección de vida”.

Y recordó que el deporte, si se practica con pasión y atento sentido ético, especialmente para la juventud, se transforma en palestra de sana profesionalidad y de perfeccionamiento físico, escuela de formación en los valores humanos y espirituales, medio privilegiado de crecimiento personal y de contacto con la sociedad.

“Asistiendo a estos mundiales de natación y admirando los resultados alcanzados, no es difícil darse cuenta de la gran potencialidad con que Dios ha dotado al cuerpo humano, y cuán interesantes objetivos de perfección pueda alcanzar”. El pensamiento, entonces, se dirige al estupor del Salmista que, contemplando el universo, canta la gloria de Dios y la grandeza del ser humano. “Al ver el cielo  -dice el Salmo 8- obra de tus manos, la luna y las estrellas que has creado: ¿qué es el hombre para que pienses en él, el ser humano para que lo cuides? Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y esplendor”.

Cómo no dar gracias al Señor, por haber dotado al cuerpo del hombre de tanta perfección, y por haberlo enriquecido de una belleza y de una armonía que pueden expresarse de tantos modos, exclamó el Santo Padre.

Y agregó que “las disciplinas deportivas, cada una con modalidades diversas, nos ayudan a apreciar este don que Dios nos ha hecho”. La Iglesia sigue y se ocupa del deporte, practicado no como un fin en sí mismo, sino como un medio, como instrumento precioso para la formación perfecta y equilibrada de toda la persona”.

“También en la Biblia –recordó el Papa- encontramos interesantes referencias al deporte como imagen de la vida. “Por ejemplo, el apóstol Pablo lo considera un auténtico valor humano, lo utiliza no sólo como metáfora para ilustrar altos ideales éticos y ascéticos, sino también como medio para la formación del hombre y como componente de su cultura y de su civilización”.

Extraído de agencia AICA el 03 de Agosto de 2009.
   
 

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